Siempre niños

El 30 de abril celebramos –aquí sí- el día del niño en prácticamente todo el país y otras partes del mundo.
Y decimos “aquí si”, porque hemos visto que hay quien “celebra” la muerte de alguien o la derrota de alguna nación, cuando no se celebra, sino se recuerda.
El caso es que el niño es una parte que todos llevamos dentro, amén de ser el calificativo para el ser humano que tiene mucho qué enseñar a los que somos algo más que niños, y rozamos la madurez… o la senectud.
Un niño es un ser humano con una enorme dosis de honestidad e inocencia, con capacidad de convivir con los suyos, sus iguales, de una manera más que equitativa, con las aventuras llenas de imaginación y la dosis de egoísmo propios de quien desea divertirse o llevar a otros niveles su juego y su vida.
Un niño imagina, no inventa: crea, no destruye: un niño habla, no miente ni se dedica a manejar discursos llenos de demagogia y mentiras.
Un niño es un ser especial, por eso nos halaga cuando alguien nos dice que somos o pensamos como ellos, porque entienden que aún guardamos una dosis de ingenua honestidad o una parte de honorabilidad al ser congruentes con lo que hacemos y decimos, con el actuar y el formarse.
El niño, desgraciadamente, se ha tomado ya como una bandera para muchos hombres públicos –y mujeres también- y se emplea para llenarlo de obsequios en un día especial al año, cuando lo que debiéramos, al igual que otros seres de la sociedad, homenajearles durante todo el año.
Esta semana el sistema DIF Tamaulipas llevó a cabo un emotivo homenaje para la niñez, y entrega de regalos; de igual manera, la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales hizo lo propio, y la Universidad Autónoma de Tamaulipas participó en una muy importante entrega de lo que la comunidad universitaria recabó y que fue entregado al DIF para su distribución adecuada.
El PRI de Victoria, para no quedarse atrás, lanzó una campaña en los últimos días –un poco extemporánea, para nuestro gusto- en aras de recabar más objetos que llevan alegría a los niños.
Muchos regalos hubo en la entidad para los pequeños, pero insistimos en que el mejor regalo que podemos ofrecerles es, sin duda alguna, la comunicación y compañía familiar: quien no atiende a sus hijos no puede darse el enorme y honroso lujo de llamarse padre o madre.
Somos los padres los que tenemos que fomentar en ellos el amor y los buenos sentimientos hacia ellos mismos y hacia los demás: regalarles una forma de fortalecer su autoestima, de ser honestos y congruentes, de ser francos y dedicados, responsables y alegres ante todo lo que vivimos.
El niño sabe sacar provecho de cualquier situación, y convertirla en un alegre juego lleno de invención y buenos deseos. Un niño, pues, es el mejor regalo que puede uno tener enfrente, para compartir con él una sonrisa y un sentimiento positivo.
En un Día del Niño como el presente, debemos pugnar porque no haya explotación infantil ni violencia hacia ellos: que no tengan la necesidad de salir a las calles a trabajar y tener que llevar a cabo acciones a veces indignas para ganar el sustento diario.
No es su obligación mantenerse: para eso estamos los padres, y tenemos que aprender a dar el lugar que corresponde a cada uno de ellos, procurar que sean felices y que puedan convertirse, dentro de algún tiempo que pasa volando, en esos valores que el país necesita para superar la situación actual.
Ser niño… una bendición, sin duda alguna; no hay que perder el espíritu del niño que todos llevamos dentro, y bendecir su presente, para que tengan un mejor futuro.
Y si usted tiene forma de niño: Felicidades, porque estará seguramente en la mejor etapa de su vida.
Comentarios: [email protected]