La otra batalla: 5 de mayo

Celebramos en México aquella histórica Victoria del general Ignacio Zaragoza y el ejército mexicano frente a las tropas francesas en el estado de Puebla. Histórico momento que ha quedado grabado en los libros sagrados de nuestro México, hoy, tan castigado y que requiere de otros “zaragozas” para volver a la senda de la victoria, o al menos, defender y preservar lo que es nuestro.
La otra batalla, no la de Puebla y sus héroes, es la que libramos todos los días: en las universidades, por ejemplo, tenemos una cotidiana batalla contra la ignorancia y la falta de virtud, contra la falta de conciencia y el hecho de que nuestros muchachos puedan pensar por si mismos y ser factor de cambio.
Vemos eventos de toda índole donde acuden los jóvenes con la promesa de obtener un privilegio académico a cambio de su asistencia: bonitos uniformes se dejan ver en las gradas, pero la verdad, no nos gustaría ese futuro para nuestros muchachos, nuestros factores de cambio.
Somos de la idea de que hay que hacer algo fuerte para un cambio, y este debe iniciar en los sistemas educativos, no de la universidad, a donde llegan plenos de vicios y carencias, sino en la base: preescolar, en la primaria y secundaria, y hasta en el bachillerato.
Los muchachos llega sin saber que significa APA o que es un trabajo de investigación; con las facilidades de hoy en día, suponen que entregar un trabajo extenso de investigación es hacer la acción de “copy-paste” (copiar y pegar) de internet, en las páginas de Wikipedia, buenastareas.com o algo por el estilo.
Llegan a buscar en google y lo que encuentran lo copian y pegan, ponen su nombre y ¡listo! El trabajo está terminado.
Así llegan a la universidad, y los que llevamos los comentarios negativos somos precisamente los que estamos frente a los grupos de la educación superior, desconociendo los que critican que llega la “materia prima” –los muchachos- con vicios de origen, sin saber escribir y, para colmo de males, haciendo del lenguaje español una bazofia con sus “ke kiEres” y esas barbaridades que suponen para muchos ser personas “de moda” o al día, que creen que por desgraciar nuestras palabras son importantes, cuando lo único que exhiben es su pobreza intelectual y la carencia de una buena formación académica, que fue legada por nuestros padres a los maestros y, unos por falta de tiempo, y otros por falta de inteligencia, nos dejaron con esos problemas que se viven a diario.
La otra batalla es precisamente la que debemos librar en las aulas para que lleguen a su preparación universitaria con capacidades reales, con una intención de poder entender una lectura y hacer un ensayo o un resumen sin copiar y pegar, haciendo una real traducción de lo que entendimos y hemos puesto a la crítica de los demás.
Debemos librar esa batalla de perder el miedo al ridículo, para aprender un poco más cada día, y ser mejores elementos.
Muchos años hace que Ignacio Zaragoza nos enseñó lo que es luchar buscando una victoria; hoy nos toca a nosotros llevar el ejemplo de tan insigne militar y buscar la victoria en nuestra vida cotidiana.
La batalla de todos los días por entender y aprender para ser profesionistas competentes. La batalla por no suplicar un 6 o 7 de calificación, sino aprender a aceptar lo que hemos obtenido, la batalla por participar con comentarios e investigaciones, la batalla, la principal batalla, por dejar de ser grupos de acarreados que pretender aprobar por participar en grupos de baile, danza, botargas o deporte; México necesita profesionistas reales, gente que se aplique a lo suyo y lo haga bien, porque de otra forma, seguiremos siendo los mediocres de siempre.
Es tiempo de librar esa batalla, y para ello, los “generales” debemos ser cada uno de nosotros, porque en nosotros está el proponer una victoria en la existencia de cada uno.
De otra forma, la existencia es vana, inútil, y de nada servirá el ejemplo de un Zaragoza u otro ilustre mexicano.
Es tiempo de ganar nuestra propia batalla, pues.
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