Don Javo y los farsantes del ITAVU.

La historia de Don Javo me suena muy regular.
Su edad es de 77 años y pico, por eso arrastra los pies y se apoya en un bastón que lo ayuda a soportar la jornada diaria, el ir y venir de oficina en oficina desde hace diez años para consumar su sueño de obtener la escritura de su terreno, ubicado allá por la Colonia Esfuerzo Popular.
Cuando inició el proceso Don Javo todavía lucía pelo, pero hoy el cansancio, la impotencia y las mentiras lo han dejado más calvo que una bola de billar.
De microbus en microbus, de taxi en taxi o a veces hasta de “raid” él se ha convertido en un huésped indeseado del Instituto Tamaulipeco de Vivienda y Urbanización (ITAVU), en Ciudad Victoria, dónde la indiferencia, es el plato del día.
El decía que los viajes de una hora de su casa al ITAVU primero los tomaba como una distracción, como un paseo, pero a estas alturas el agotamiento ya es visible, porque la fuerza ya no es la misma de hace diez años, cuando con el rostro repleto de esperanza recorrió con su mirada el edificio de esa dependencia del gobierno de Tamaulipas.
Y como asiduo lector que es, veía en los periódicos y en la tele que el ITAVU anunciaba que iba a entregar cientos de escrituras en Ciudad Victoria, pero su nombre nunca apareció en las listas, por eso mejor buscó a un asesor que lo ayudó a cargar la pesada losa que lleva sobre su cansada espalda.
Don Javo, ha recibido toda clase de pretextos sobre el escaso avance de su asunto, pero ninguno lo convence, por eso recurrió a este espacio antes de tirar la toalla y olvidarse de ese terreno sobre el que fincó esperanzas, sueños y que es el fruto de toda una vida de trabajo limpio, honesto y demasiado duro.
Recuerda, con pena, que el principal impedimento fue que esa colonia, compuesta por casi 500 lotes, no estaba bien planeada, por lo que a base de testarudez logró que se avanzara y ahora ya se están entregando una por una las escrituras a sus legítimos propietarios.
La explicación que se le dio fue que su lote no podía ser regularizado individualmente, sino en paquete, como lo marca la norma.
Y todos los lotes de ese lugar ya fueron regularizados, menos el suyo, por eso vaya forma de darle las gracias a un viejo que mato horas de su vida entre oficina y oficina para favorecer, sin querer, a sus vecinos.
Lo que más le duele a Don Javo es que son los lidercillos de colonos, los que, gustosos y altaneros, dan declaraciones a los medios para acreditarse la regularización de esa colonia, lo que produce en él, también, coraje y amargura.
Y cómo no, si en su nariz el Director General del ITAVU, Carlos Montiel Saeb, le ordenó a sus subordinados que sacaran rápido su caso, sin embargo a cuatro meses de distancia Don Javo ya asimiló que la nuez, salió vana.
Pero aun con todo ello Don Javo no es rencoroso y, agradecido, valora el trabajo, el apoyo y el buen trato que recibió de las autoridades principales de Sedesol estatal y del Registro Público de la Propiedad, a quienes recurrió para que, por lo menos, sus vecinos lograran la legitima posesión de sus terrenos.
El ya no visitará el ITAVU. Ya no tiene porqué gastar media hora de su tiempo solo para subir los 40 empinados escalones que separan la planta baja, del área de regularización.
Ya no pisará ese lugar, donde a veces un buen samaritano lo ayudó a trepar “de aguilita” hasta esa oficina, tan solo para recibir una más de las mil negativas, que marcan como un sello a esa dependencia.
Y ya no, él ya no hará coperacha en aquella colonia para organizar comilonas para los candidatos del PRI, que solo regalan promesas.
Ahora, su caso sigue sobre el escritorio de Juan Valles Saavedra, sub director de escrituración del ITAVU, dónde duerme el sueño de los justos.
Si, la de Usted, se asemeja a la historia de Don Javo.
No gaste sus horas en enviarme correos.
Porque el tiempo, es oro.
Y la tinta no es, inagotable.

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