Bulling: una víctima más

Duele saber que nuestros chicos se convierten por juego en criminales en potencia, y algunos de ellos terminan en las cárceles de cualquier parte del planeta.

Los hechos acontecidos en Victoria en una escuela secundaria –número 7- nos llevan a un estado de alerta que, si no hacemos lo adecuado, terminaremos como siempre, mal.

Los problemas que conocemos por generaciones siguen incrementándose en cuanto a su dimensión. No es que no existieran: el bullyng propiamente ha existido desde que la escuela es escuela, o desde que el barrio es uno de lo sitios –y l ha sido- de juego y reunión, de convivencia y de hacer nuevos amigos.

Antes se le llamaba de diferente manera, pero el bullyng, pomposamente nombrado hoy por expertos del comportamiento humano, no deja de ser agredir a los demás con ventajas, numéricas, de talla, de raza o de cualquier otra cosa. Le llamábamos “traer a carrilla”, “traer de encargo”, “abusar”, “joder de más”, “agredir”, “golpear” y muchas formas más, que dicen lo mismo: bullyng.

Una familia victorense se ha enlutado por causa de este comportamiento que, según hemos leído, las autoridades de la escuela estaban advertidas, pero como suele suceder con esos haraganes y poco profesionales vividores del magisterio, no se le tomó la atención adecuada.

Prefirieron pensar en su carrera magisterial, en su “lonche” del recreo, en su tanda y las ventas de catálogo que en el bien de sus alumnos.

Lejos, muy lejos están esos tiempos en que las escuelas estaban llenas de personas con vocación magisterial, real vocación profesional y humana, que en lo último que pensaban era en sus días económicos o en la junta de “capacitación” que les entrega días de asueto cada mes. Eran otros maestros, otros tiempos, pero los mismos seres humanos.

Y, ¿Qué hace la autoridad al respecto?

La verdad, es que tenemos computadoras e Internet en las escuelas, y las salas de cómputo han crecido considerablemente; los laboratorios están mucho mejor equipados hoy en día, y los chicos tienen forma de hacer mejores experimentos. Los talleres tienen mejores herramientas.

¿Y la parte humana? Eso no se toca, porque no corresponde a presupuestos ni a programas prioritarios: los niños son números que hay que sacar con buenos promedios para el resultado de evaluaciones tipo ENLACE, que significan puntos para la carrera magisterial de cada profesor de esos que, pensando en hacerse ricos, entraron a una Normal tallándose las manos porque irían a salir con plaza laboral, sin batallar, pues.

Y muchos de ellos, andan de “grillos”, pensando en su “lanita” y su jubilación. Los alumnos… esos que aguanten, al fin que siempre se han presentado casos de violencia entre muchachos. “Cosas de muchachos”, dicen algunos de estos vividores.

Hay una familia enlutada por causa de los irresponsables –debiera haberse escrito responsables- de la educación de los muchachos. La mancha en el corazón de éstos, si es que lo sienten, les perseguirá toda la vida, pero no es suficiente.

Habrá que pensar en hacer algo por los sistemas educativos: seleccionar mejor a quienes tienen el sagrado oficio de ser maestros; buscar personas con un gran sentido humano, urgente y necesario en tiempos como los que hoy vivimos.

Ayer fue un chico de la secundaria 7, hoy, ¿quién sigue?

Esperemos que, independientemente de aspectos judiciales y castigo justo a quienes omitieron su función y a quienes propiciaron este asesinato, haya un cambio en las políticas educativas, porque no se trata de tener Internet en todos los rincones o cañones para computadora: se trata de formar recursos humanos capaces de enfrentar las demandas de una población que, si nos descuidamos, perderá su sentido humano más rápido que temprano.

Creo, aún estamos a tiempo, pero nos queda poco ya por hacer. Debemos enmendar políticas, acciones y formas de pensar, pues.