La educación viene de casa

Vaya verdad que encierra esa bella melodía de Joan Manuel Serrat que recorre aun con fuerza los rincones de este planeta.
Si, la de “Esos locos bajitos”, cuando dice que a menudo los hijos se nos parecen.
Esa, que señala que esos locos bajitos que se incorporan con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario, ni a las costumbres y a los que por su bien, hay que domesticar.
Y es que en realidad los hijos son nuestro reflejo y abrevan lo que en casa ven, lo que escuchan y son el principal testigo ocular de todo aquello que rebasa la línea.
Es, nuestra casa, la primera escuela, y es allí dónde van bordando su formación, donde empiezan a valorar la distancia que separa lo bueno de lo malo, lo blanco de lo negro.
Hoy, Tamaulipas es el centro del huracán a nivel nacional por un inconcebible caso de “Bullyng” que se registró en Ciudad Victoria que no tiene justificación, pero en el que se hace necesario que se unan dos palabras: Responsabilidad compartida.
Son el supervisor, los directivos y los maestros los que están en la mira, pero me pregunto: ¿Que podrán decir los padres de los cuatro menores que fueron los protagonistas de este suceso que abrió la herida en el sector educativo local?.
¿Qué vieron sus hijos en su casa o en otro lado que ocultaron y que los impulsó a no medir las consecuencias de su acto?.
Porque comparto mi espacio con una persona que se dedica a la educación y que no tiene empacho en contarme las peripecias que a los escolapios les hace gracia, entiendo a los maestros, los valoro y me pone chinita la piel el tamaño de su sacrificio.
Poco o, nada, pueden hacer ellos para entrar al rescate de esos niños que provienen de familias desintegradas en las que en el hogar son los golpes, las ofensas y los vicios mundanos, el pan de cada día.
Todo eso, en la escuela lo reflejan, y es el hogar donde aprendieron a rebasar la delgada línea.
Basta citar la triste historia de Juanito, ese niño que en la escuela primaria vistió con harapos, mal alimentado y poco educado y quien a falta de padres su abuela lo definía como un infante belicoso.
Lo acabo de ver afuera de un centro comercial pidiendo limosna y a sus 17 años parece de 30, porque la droga lo ha consumido, ha pulverizado a ese joven que es fruto de dos padres irresponsables que se fugaron, de la realidad.
Nada pudieron hacer por él un grupo de maestros generosos que se dejaron cautivar por su desgracia, nada, absolutamente nada.
Y cómo comprender a los niños y jóvenes de hoy si sus juegos consisten en dispararse con los dedos balas de salva y de amenazar al maestro que los trata de corregir porque su padre es influyente o anda mal o cuando en la escuela y o afuera de ella utilizan un lenguaje más que soez que resulta demasiado grande y grave para su pequeña boquita.
Y cómo entenderlos, si hoy la tecnología está a su alcance y son clientes permanentes del celular y del Internet que les regala imágenes grotescas y crueles que eran solo ficción en nuestro México de ayer.
Por eso, compartir la responsabilidad es de justos y se debe distribuir la culpa en este suceso que sacude a Ciudad Victoria, que la lastima y que se debe evitar de nuevo con la participación de maestros, alumnos y padres de familia.
La SET, a cargo del doctor Diódoro Guerra Rodríguez, ha dejado manos libres para que se actúe con rapidez y los padres afectados y las autoridades judiciales hacen lo suyo para que se llegue hasta las últimas consecuencias.
Como padres de familia deberíamos asimilar bien lo que aconseja Serrat respecto a “Esos locos bajitos”.
Como esto: “Niño, deja ya de joder con la pelota”.
“Niño, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”.
Porque, tal vez, nos motive a reflexionar.

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