Como seres humanos sabemos las necesidades que llegamos a experimentar en el transcurso de nuestra existencia; sabemos muy bien que gran parte de la base que nos mantiene y sostiene surge en ese núcleo social tan determinante como es la familia. Es ella la que nos fortalece o nos hunde, la que nos forma o nos echa a perder la existencia, dejando que broten frustraciones y acciones negativas de toda índole.
Es, claro, la familia, la parte fundamental del éxito que logramos en base a principios, valores y otras cosas que debimos aprender ahí. Surge como la base de nuestra existencia, en otras palabras.
Y viene a colación lo anterior porque el secretario de Desarrollo Social Homero De la Garza Tamez habló en el festejo del Día del Estudiante, en el teatro “Amalia G. De Castillo Ledón”, ante casi mil jóvenes, que hay que preocuparnos un poco más por nosotros y los que nos rodean.
Dijo el secretario De la Garza que las acciones que se toman deben procurar fortalecer el sentido humano, ese que hemos perdido con la aparición de los gadgets, los smartphones y demás aparatos, que nos facilian la existencia por una parte, pero nos dejan solos y desprotegidos de una buena orientación durante los años más preciosos de nuestra existencia.
Pruebe usted y vea: vaya a un café, o una reunión familiar si es que lo le gusta pagar por darse cuenta de las cosas, y verá que nuestros hijos pasan más tiempo viendo la pantalla de su dispositivo, sea cual fuere éste y que bien se presenta en forma de computadora portátil, tableta, teléfono inteligente y otras cosas más que han dado al traste con nuestro sentimiento humano.
Hoy, nos mientan la madre y debemos responder con un “like” o debemos omitir este comando. Nada más que hacer en la comunicación.
Ellos, los muchachos, guardaron un minuto de silencio por los hechos ya conocidos y que nos mantuvieron en primer sitio del aparador nacional. Ellos, los muchachos, fueron objeto de la recomendación del secretario De la Garza para entender que el bullyng y esas cosas estúpidas debemos desterrarlas, aunque se declaró haber sido un joven como todos nosotros, pues.
Fue ahí donde hubo un momento de reflexión que debe llegar a casa, a las familias, a los padres formadores de sus hijos y que hemos dejado esta tarea a otras instancias e inclusive, otros personajes.
Somos nosotros, los padres, los responsables de la brutalidad que se lleva a cabo por ciertos individuos en las escuelas primarias y secundarias. Somos nosotros los que tenemos que ponernos la pila y evitar que nuestros hijos se conviertan en delincuentes dentro de poco tiempo.
Claro que los maestros tienen responsabilidad, pero la mayor, la más pesada, la más sublime parte desde el corazón de los padres
No digan que no es cierto: los deberes los tenemos que hacer nosotros; los maestros son auxiliares en su formación y educación, y somos nosotros, solo los padres, quien nos tornamos en guarda de su existencia, o la menos, eso debiera ser en la realidad.
La responsabilidad parte de la familia, una familia unida y sin tanto problema, que quiera creer en sus hijos y la sociedad, y se integre a los programas que, en su conjunto, se llevan a cabo a través de múltiples acciones oficiales y particulares pero que tienen el mismo objetivo.
Queremos un Victoria más sano en todos aspectos. Ojalá los padres, muy en especial, los responsables de la educación de nuestros hijos, podamos lograrlo a base de cariño, afecto y mucha educación.
A veces no podemos hacerlo desde donde vivimos, pero es una labor que nadie debe de conocer porque no es para publicitarnos, es una labor de concientización entre padre y madre, una labor por nuestros hijos.
Así de claro. Tomemos el control de su formación, con energía, cariño, afecto, y sobre todo, disciplina en todo lo que emprendan.
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