Sus ojillos rasgados, su mediana estatura, su piel bronceada y su porte, pero sobre todo, su sencillez, cautivó, conquisto, he hizo palpitar fuerte los corazoncillos de las bellas féminas que con dificultad se guardaron por respeto algunos piropos a su paso.
Lo tenían apenas a unos centímetros de su alcance y él les sonrió, las saludó de beso y de mano y se detuvo para intercambiar con ellas algunas palabras y, eso, bastó, para que los bautizaran como “La estrella del oriente”.
A ellas, a las trabajadoras del sector educativo de Tamaulipas, se las echó en un instante a la bolsa y, cómo no, si a la velocidad de la luz hicieron comparaciones entre él y el comportamiento antipático de algunos funcionarios estatales y federales que se sienten bordados a mano.
Y fue él, Alejandro Guevara Cobos, quién lo acercó a las vallas y a ellas. “Por aquí mi secretario”, le repetía a su paso y en ocasiones lo detenía para que saludara a la hilera de caras bonitas que le ofrecían la mano. “Vaya señorón. Qué carisma, que propio, que atento, no como el grupo de alzados que se han mareado con el poder”, comentó una maestra tras de haber intercambiado algunas palabras con Miguel Angel Osorio Chong, el Secretario de Gobernación.
Otra trabajadora burocrática dijo: “Valió la pena la espera solo por este saludo. Nos citaron desde las a las 10.00 horas y el estado mayor nos prohibió hasta el ingreso de botellas con agua al evento. Tal vez nos confundieron con camellos de desierto, porque el acto inició a las 14.00 horas”.
El, avanzó y de pronto se detuvo frente a tres señoras de vestimenta modesta que demandaban su atención. En unos minutos algo le susurraron al oído y él les contestó. “Lo vemos. Claro que sí. La próxima semana voy a estar en Ciudad Victoria y me buscan”. Pero luego rectificó: “No perdón, no es cierto, voy a estar en Tampico, pero les prometo que pronto voy a regresar a esta capital”.
Esto, significa, que la reunión del gabinete de seguridad a la que se refirió aquí el presidente, Enrique Peña Nieto, podría ser en Tampico y sería el marco ideal para que el alcalde del puerto jaibo, Gustavo Torres Salinas, le solicite que incorpore a ese lugar al programa para la prevención de delitos a fin de que reciba recursos adicionales, tal como sucede con Ciudad Victoria, Nuevo Laredo y Reynosa.
Poco importó el sudor que perlaba la frente de muchas cansadas mujeres que asistieron al evento y las molestias que producen las excesivas medidas de seguridad que se tomaron, porque en su celular guardan ya una foto con Osorio Chong, un personaje al que, después del mandatario nacional, ubicaron ellas como el más carismático del gabinete presidencial.
El de este viernes fue un evento bien organizado y tanto el presidente como el Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, fueron contundentes para comprometer su palabra de que la inseguridad, el bullyng y otros problemas que lastiman a esta entidad, son situaciones que requieren un urgente tratamiento.
Pero faltó que brillara otra estrella, como es el caso de la maestra Blanca Aurelia Anzaldúa Nájera, rectora del Centro Regional de Formación Docente e Investigación, quién si bien robó cámara al ser ubicada a un costado del mandatario nacional, no tomo la palabra, no obstante de que la visita presidencial tuvo como fin inaugurar el edificio que impulsará la educación de todos los niveles de seis estados del país.
La fructifico, empero, fueron los compromisos que contrajo aquí Peña Nieto y los integrantes de su gabinete y el acercamiento que todos ellos mantendrán con Tamaulipas, un estado que sigue en la mira de los medios nacionales por problemas que se han ido acumulando.
Para algunos invitados, Osorio Chong dio aquí cátedra de urbanidad y de buenas costumbres.
Para otros, es una especie de réplica del mandatario nacional, a quién le da por romper los protocolos para acercarse de más a quién estira la mano y le pide, desesperado, atención.
Se vale, juzgar.
Usted, juzgue.