Disfrutar de una buena lectura es positivo, pero cuando ésta tiene contenidos con un alto grado de profundidad y fundamentos científicos, es mucho más interesante.
Pocas veces se refleja en la prensa el hecho de que los investigadores traten temas referentes a su quehacer y la relación que pueden tener los mismos con el ejercicio periodístico. Las líneas de investigación son la formalización de rutinas que, en forma empírica realizamos muchos periodistas, más, en el ámbito de la ciencia, la salud y otras disciplinas cuyo contenido, si no es tratado adecuadamente, se torna difícil, incomprensible e inútil para la población. Es donde se requiere, como decíamos en anterior publicación, la “traducción” del mismo a un lenguaje que pueda entender la sociedad. Finalmente, los periodistas escribimos para la gente, y es necesario que se nos entienda: de otra forma, no sirve de nada el esfuerzo o el trabajo realizado… o ambos.
Hay que agradecer a Carmen Peñafiel, Lázaro Echegaray, Idoia Camacho, Alazne Aiestarán y Milagros Ronco, integrantes de ese magnífico grupo de investigación de la Universidad del País Vasco, en España, quienes nos han regalado la lectura de su artículo titulado “La Divulgación de la información de salud: un reto entre sectores implicados”, publicado, en la Revista Latina de Comunicación Social (número 69, pp.135 a 151), y que nos plantea la necesidad de conformar una necesaria “complicidad” entre periodistas y miembros del sector sanitario, conocido entre nosotros como Sector Salud. La idea es que se pueda ejercer dentro de ese procedimiento periodístico, una labor formadora-educadora entre la población: que no únicamente se informe de desgracias o noticias cuyo sensacionalismo a veces nos atrapa y estrangula, sino buscar la manera de incidir en el estilo de vida de quienes nos leen y a quienes, finalmente, investigadores y periodistas, nos debemos. Ambas comunidades, si no tenemos público no somos trascendentes, y por lo mismo, no cuenta gran cosa lo que hagamos.
El artículo de los investigadores del país vasco es realmente extraordinario, y considera la opinión de integrantes del sector sanitario como de la comunidad periodística de aquel hermoso lugar de la España que vive a diario con sus problemas como toda nación, y que, en materia de salud, trata de enfrentar con sus políticas determinadas, apoyadas en ciertas partes por periodistas que hacen llegar la información veraz y oportuna con la idea de incidir en la calidad de vida o los estilos de la comunidad.
Interesante por donde se vea, y en ese sentido, somos de la idea de que debiera existir en nuestro país alguna instancia para estudiar alguna especialización periodística que nos lleve a ser expertos en el tema y nos permita abundar, ahondar, penetrar al fondo de estos ítems y poder manejarlos de forma tal que tengan repercusión.
Peñafiel Saiz y coautores hacen una mezcla de información de calidad y cantidad, es decir, cualitativa y cuantitativa, para darnos un panorama de cómo el país vasco aborda esta problemática que se resuelve con una buena comunión entre ambos sectores.
Los sanitarios deben estar relacionados con los periodistas y viceversa, para poder compartir lo que se debe manejar en la sociedad donde vivimos. Las estadísticas nos muestran que un 48 por ciento de la información de salud se aborda como noticia, y el 13 por ciento como reportaje, considerando como comentario breve un 16 por ciento.
El resto, -entrevistas, 6 por ciento; columnas , cartas y crónicas, 3 por ciento cada una; análisis, 2 por ciento y editorial el 1 por ciento- nos ofrecen una visión de qué es lo que hay y qué hay que reforzar… o modificar en su caso.
Algo fundamental resulta el hecho de que concluye con aspectos determinantes, destacando la necesidad de cambiar el giro de la información que surge en los gabinetes de comunicación: que sea más educadora y orientadora.
Enhorabuena para Penafiel, Echegaray y compañeros de grupo investigador, y gracias, porque nos han permitido conocer más sobre un apasionante tema: el periodismo en salud.