Por una cultura de respeto

Indigna, molesta, enoja.

El hecho de salir a las calles y ver que no hay un respeto para la gente con discapacidad, y tampoco existe una autoridad competente para hacer valer la ley, nos lleva a padecer una serie de enojos cotidianos, permanentes. Nadie respeta, comenzando por vehículos oficiales y de seguridad pública.

Se gastan muchos pesos en pintura azul en las calles, aunque mucha de ésta es injustificada: la gente piensa que pintar el logotipo de una persona con discapacidad les otorga patente de corso para ser arbitrarios.

Vaya usted por la calle 17, por la calle Allende, por el 16, junto a la Secretaría de Relaciones Exteriores y se dará cuenta de los abusos que comete el ciudadano, aparentemente, de buena educación y familia, con tal de no permitir que nadie se estacione en lo que malamente entienden como “su” banqueta.

Nunca entendió la gente –y la autoridad menos- que las banquetas o tienen dueño, que hay que respetar las cocheras, y que quienes hacen uso de este privilegio legal son un grupo de abusivos en una gran mayoría.

Observe en la calle Zaragoza y 16, en una casa donde se pintó de azul para evitar que alguien se estacione, y que en ese hogar ya no vive nadie con discapacidad.

Somos de la idea, y así lo hicimos saber a la autoridad hace tiempo, que se debe hacer un censo de sitios para personas con discapacidad, y en cuanto dejen de requerirlo, obligarles a que se pinte normal la calle y se permita el estacionamiento a cualquier ciudadano.

Es abusivo lo que vemos a diario, y lo peor, que viene de gente, aparentemente de “buenas familias” en un gran porcentaje. Piensan que por ese hecho tienen el derecho de abusar de los demás.

Y no se diga los sitios en tiendas de autoservicio, donde los concesionarios tienen miedo de pedir que entre la autoridad a poner orden.

¡No estuviéramos en Mc Allen, porque ahí todos respetamos por temor a las multas, y por la hipócrita actitud de respetar leyes ajenas!

Nada grato resulta ver vehículos de seguridad que no respetan señalamientos, ni semáforos ni nada, y los sitios para personas con discapacidad plenos de automóviles con placas vencidas, americanas o simplemente, vehículos de lujo que nadie tiene el coraje y valor ciudadano de pedir que se quiten, por temor a ser agredidos.

La ley está ajena a los derechos de discapacitados, lo hemos vivido durante estas últimas semanas.

¿Cuál es el temor a hacer valer esta ley?

¿Por qué la autoridad no mete en cintura a estos abusivos? No podemos disponer de un sitio especial porque hay siempre alguien estacionado ahí, y casi siempre, ilegal, sin placas o alguna de esas linduras que hemos comentado.

¿Y así queremos que nuestros hijos respeten la ley? Si no les enseñamos desde pequeños a respetar, difícilmente contaremos con buenos ciudadanos.

Hartos de estos abusos cotidianos, y de la permisividad oficial al respecto. En otros países, la gente va hasta a la cárcel por estas acciones, pero allá si hay quien ponga orden, por lo que vemos, y también, la gente tiene cultura ciudadana.

Aquí con el “no me tardo mas que un momento”, el “tantito nada más” o el “me vale” tenemos: con eso podemos infringir las disposiciones de una ley que es universal y se le da apoyo internacional… menos aquí.

Vaya el llamado a la autoridad para que haga valer su papel y justifique la erogación de sus sueldos, para que nos ayuden a que se respete esta ley, que realmente es importante para quienes sufrimos una discapacidad temporal o permanente.

No cometamos más abusos, ni en las casas evitando que se estacionen en lo que no es nuestro frente, ni cuando manejemos. Es por una cultura de convivencia armónica para todos, por favor.

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