Chantajistas y haraganes

Por más voluntad que queremos tener hacia ese grupo de vividores, por más que queremos justificar su inclusión en el presupuesto de la Nación y pensar que los muchos –pero muchos- miles de pesos que cobran mensualmente son bien ganados, diputados y senadores nos dan argumentos para pensar que son parásitos, vividores, holgazanes y buenos para nada; cero representantes populares y paleros de un sistema y un grupo que llaman partido político y que los maneja como ganado, haciendo que dobleguen su voluntad en aras de los intereses de ese llamado partido político.

Escuchamos en la prensa de la bien llamada “caja idiota” que los grupos del Partido Acción Nacional y del Partido de la Revolución Democrática abandonan las discusiones de la reforma energética, de la reforma política… van, regresan, chantajean con no volver para que no se tenga la mayoría de ley… vuelven por sus chantajes y estúpidos argumentos que simulan defender a México, cuando la verdad es que lo único que defienden son las prerrogativas de sus partidos.

De todos, o de millones de mexicanos es sabido que son grupos de vividores: cobran un sueldo que no gana quien realmente trabaja: ganan 4 o 5 veces más que un investigador con estudios doctorales, con trayectoria, con inteligencia; tienen colaboradores con credenciales para pavonearse –charolas- y abusar de un mal entendido fuero, para luego volver a las Cámaras, la llamada baja o la alta, y abusar de nueva cuenta y amenazar con abandonar.

Nunca entendieron que se les puso ahí no para que hicieran la fortuna que están haciendo, sino para representar a la ciudadanía; no se les puso para aplaudir al presidente o al mandatario que corresponda, y tampoco para aplaudir como borregos y votar todos, como lo hacen, por “bancadas”, que los que no somso políticos entendemos como “manadas”.

Los diputados y senadores no entendieron su función y de ahí que se ha descalificado su función, y los mexicanos pensamos -con argumentos sólidos- que son algo así como los burros que tocaron la flauta presupuestal.

Habrá excepciones, pero por lo general son individuos que no saben escribir siquiera sin faltas de ortografía un discurso, que son excelentes en el arte de la adulación y la permisividad, que son buenos para ofenderse cuando se les dicen sus verdades y toman represalias de todo tipo.

Son esos entes los legisladores con que contamos hoy en día.

Ofende ver al coordinador parlamentario del PRD amenazar una y otra vez con abandonar las discusiones; insulta escuchar al del PAN hacer lo mismo. ¿No entienden que están ahí para defender nuestro punto de vista?

¿Nunca supieron a qué iban?

Deberían tener un poco de vergüenza y renunciar, dejar su sitio a quienes realmente puedan trabajar por México y los mexicanos. Hartos estamos de escuchar las descalificaciones o halagos desmedidos hacia un ordenamiento legal o un servidor público de parte de estos señores que bien cobran por no hacer nada.

Y tienen aún el cinismo de decir que han trabajado…

Creen que somos idiotas y no entendemos que no hacen más que seguir una corriente de tres fuerzas políticas, que no sabemos que han omitido los intereses ciudadanos en aras de defender por bancada sus intereses.

Se insultan unos a otros, se descalifican, se critican, y luego se van a comer juntos: esa es la verdad de los legisladores que se van a vivir a todo lujo al Distrito Federal, en un departamento de lujo con compañía y servicios extraordinarios, con colaboradores que se ufanan de ser parte del staff del diputado o del senador.

Son esos los que vienen de vez en cuando y nos quieren dar clases de moral cuando no son capaces de hacer su trabajo, de devengar su muy oneroso salario…

Y todavía se ponen en la actitud de ofenderse. Debería darles pena actuar con pusilanimidad, con chantajes y amenazas cotidianas. Dan pena, en pocas palabras.