Hay en el registro de la administración pública obras que quedan para siempre: las carreteras son parte de ellas, y significan un puente entre lo que somos y el progreso.
Recordamos en las administraciones de Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores la forma en que viajábamos a la frontera, al Altiplano o a la ciudad de Monterrey: cómo olvidar aquellos tramos en los que íbamos prácticamente a “vuelta de rueda”, enojados por el tráfico y la lentitud con que circulábamos, pero hoy en día, cuando vemos esas rúas y su funcionalidad, entendemos que para tener algo bueno hay que sacrificar algo, en este caso, momentos de tráfico que hoy son carreteras que dan abasto a las necesidades de tráfico de la población.
Cada administración ha hecho sus obras al respecto. Desde tiempos añejos hasta la administración de Egidio Torre Cantú tienen su parte en el contexto carretero y en el progreso de la entidad. Nadie puede negar que éstas –las obras- se encuentran ahí y no podemos denostar las acciones por muy opositores a las ideas políticas o a las personas que gobiernan o gobernaron.
Aún en tiempos de lluvia, Tamaulipas tiene vías de comunicación adecuadas y que nos permiten circular con una seguridad de buen nivel, aunque reconocemos que ésta, la seguridad, dependerá en su totalidad de la forma en que respetemos señalamientos y demás: lo cafre o imprudente siempre será causal de accidente y no tiene culpa administración alguna de ello.
Son inversiones muy fuertes, porque se requiere la construcción no únicamente de la carpeta asfáltica sino lo que lleva debajo: una cantidad importante de obra, de relleno y demás, que los constructores seguramente entenderán mejor que nosotros.
A donde queremos llegar es a tener que reconocer los esfuerzos que se vienen realizando a la par con el Gobierno Federal, porque muchas de estas obras cuentan con participaciones económicas de ambos ámbitos gubernamentales. Esporádicamente cuentan con recursos municipales, aunque también es importante reconocer si no los gastos de éstos, sí la capacidad de gestión para que sus gobernados cuenten con infraestructura adecuada y necesaria. Nada sobra, pues.
Lo que sigue, y que requiere también mucho dinero es e mantenimiento de las obras: no es fácil exponerlas a las inclemencias del tiempo y el maltrato cotidiano por el uso, porque hay que reencarpetar, cubrir baches y otros problemas que surgen con el tiempo. Es parte de la obra, parte de su viabilidad, y en ello tienen también mucho que ver los ámbitos estatal y federal.
Qué bueno que un estado como el nuestro cuenta con estas carreteras; cuando salimos por alguna circunstancia determinada contamos con esa parte de seguridad que corresponde a la autoridad: lo demás, dependerá de nosotros.
Y cuando llueve, cuando las condiciones no son las más idóneas, tenemos que entender la importancia de las obras en cuestión.
Insistimos: nada grato resulta ir viajando a determinado lugar y tener que frenar o desviarnos porque están en obra: qué bueno que se hace, porque quiere decir que el gobierno correspondiente está pendiente de las necesidades para cubrir este importante rubro que está totalmente conectado con la productividad, el desarrollo y las necesidades personales de cada tamaulipeco.
Ojalá tengamos muchas más obras de este tipo que validan el esfuerzo de cada uno de los gobiernos que hemos conocido. Ojalá podamos decir siempre que hay capacidad y calidad en nuestras rúas, porque, finalmente, es la seguridad de nosotros la que está en juego, la forma en que se agiliza la transportación personal o de productos, así como de otro tipo.
Qué bueno, sinceramente, que contamos con estas carreteras. Faltará que autoridades y ciudadanía entendamos su importancia y cuidemos en la medida que nos corresponde.
Un aplauso a los que hicieron las carreteras, y otro para quien las mantiene en buen estado.