Quienes hemos tenido la fortuna de conocer y utilizar las herramientas del mundo moderno podemos jactarnos de ser privilegiados, porque tenemos en la mano al mundo de la información prácticamente: Internet es una herramienta que nos permite conocer lo que queramos, dese el punto de vista que se nos antoje, y de la manera o versión que gustemos. En pocas palabras, tenemos todo al alcance de la mano.
Y es en ese sentido que tuvimos oportunidad de compartir con expertos de esta y otras ciudades la inquietud de fomentar la educación de calidad a través de esta poderosa herramienta que hoy en día está al alcance de un Smartphone, una tableta, una portátil o un centro de cómputo, sin más limitación que nuestra creatividad o nuestras necesidades, sean éstas de ocio, diversión, cultura, académicas o científicas, por mencionar solo algunas.
Todos hemos tenido jornadas de ocio total, en las que vemos mensajes intrascendentes y no tanto, donde disfrutamos videos, fotos, los famosos “memes” y muchas cosas más. Cuando los juegos de México, vimos todo lo que quisimos en Fcebook, Twiter y otras redes sociales; de igual manera, atendimos páginas más formales como los diarios especializados en deportes. En materia de investigación, hemos tenido jornadas de muchas horas en las que vamos “viajando” de un lado a otro del mundo en busca de información que pueda validar nuestros artículos o ponencias, investigaciones o publicaciones en general.
Es pues, una mágica sorpresa que con un clic nos lleva a donde queramos.
Sin embargo, como todo lo que tiene estas características, vamos de un lado a otro y vemos tanto bueno como malo, es decir, la información puede ser positiva o agresiva, violenta o negativa totalmente. Hay de todo y si no sabemos entender que podemos caer en esas tentaciones, difícil será separarnos de ellas.
Los niños y adolescentes tienen los mismos riesgos y es prudente prevenirlos, pero para ello se necesita un trabajo colegiado, o sea, un trabajo entre todos los sectores implicados en su formación, y que inician con ellos mismos y se refuerzan con los profesores, amigos, sociedad y clubes, pero por sobre todas las cosas, la familia misma, núcleo que reviste una total y prioritaria importancia dentro de este contexto.
Es la familia la principal educadora de los muchachos y niños; no podemos dejar tan importante responsab8lidad a profesores o políticos, a funcionarios o terapeutas. Cierto, todos ellos juegan un papel protagónico en este asunto, pero definitivamente, la familia es y será siempre la base de una adecuada –o inadecuada- formación, y si dejamos que los chicos estén en los aparatos y las redes cibernéticas todo el tiempo, no podemos después culpar a los maestros porque son sujetos a las acciones de bullying, como víctimas o victimarios; tampoco podemos culpar a la autoridad si los detienen por haber cometido algún ilícito.
Hay que entender que la responsabilidad, en primera instancia, es NUESTRA, de los padres, de los que somos encargados de prodigar las primeras enseñanzas de la vida y los primeros ajustes.
Somos los que debemos enseñarles a decir “buenos días” cuando se llega a alguna parte, a dar las gracias y atender a los demás cuando se requiere.
La solidaridad humana no se aprende en libros sino en el seno familiar, cuando somos la misma causa que nuestros padres y hermanos, que nuestros demás familiares.
El amor se aprende en casa, con los primeros mimos de la madre y el padre y los cariñosos momentos con los hermanos. El espíritu de competencia ahí se enseña y también el del honor y la comprensión, la tolerancia y más.
Son los valores del ser humano los que se deben aprender bien, machacar hasta el cansancio, para que no haya luego actitudes de echar culpa a quien no las tiene en su totalidad.
Si los padres no hacemos lo primero, no tenemos cara para pedir a la autoridad, al profesor o al sacerdote que se responsabilice por lo que son nuestros hijos.
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