¿Quién pone las cosas en su lugar?

Por más mentiras que puedan emplearse en la palabra escrita, hablada o manipulada a través de imágenes e, inclusive, mensajes de redes sociales, dicen algunos que “las calabazas se acomodan como deben”. Aplica perfectamente en la política cuando se trata de ubicar a cada quien en su real y verdadero sitio.
Los que emplean la demagogia para convencer son víctimas de sus propias mentiras, y caen tarde o temprano; no pueden engañar aun pueblo: hay momentos en los que de plano, las mentiras, aunque se repitan una y mil veces, no se convierten en verdades, sino en consumadas mentiras.
Y en ese tenor, vemos la forma en que se manipula conciencias a través de dichos alegres y lejanos a la realidad: vemos la manera en que algunos aprovechan la buena fe de la gente para convertirse en los Pinochos de la política: una enorme nariz llena de diatribas y declaraciones triunfalistas y falsas. Ejemplos, hay muchos, y no cabrían en la edición completa si los enumeráramos todos.
Es por eso que los dirigentes, miembros de institutos políticos y militantes deben tener cuidado al defender sus postulados: debieran hacerlo con la verdad únicamente, dejando a un lado todo eso que nos daña y nos ofende. No podemos decir, por ejemplo, que no llueve cuando el cielo está nublado y las grises nubes comienzan a arrojar las terribles gotas que, hasta en forma de granizo, lesionan a los que las reciben.
Nada hay peor que las mentiras en la política, y de eso, los mexicanos estamos hartos.
Vimos la manera en que nos prometieron no más alzas en la gasolina, que nos prometieron no pagar tenencias más y nos prometieron que nuestros hijos tendrían empleo, cuando vimos que los hijos de quienes ostentan el poder son los que ocuparon todos los cargos, no con salarios justos, sino con insultantes sumas de ingresos que además, en muchas ocasiones, no pasan por las arcas tributarias de los que pagamos impuestos.
Vemos entonces que algo anda funcionando mal cuando no podemos salir de casa por las noches y cuando los servicios y oportunidades son limitados.
Estamos enojados, sí, y mucho, porque nos han coartado las libertades y oportunidades de desarrollo a base de discursos que suenan muchas veces a amenaza y a difamación. Somos de carne y hueso, tenemos familia, somos tan mexicanos como todos y merecemos las mismas oportunidades, en base a los méritos que pudiéramos tener en el ámbito académico, laboral o humano. Todos queremos un mejor estilo de vida.
Pero cuando somos objeto de amenazas, la cosa ya no nos gusta y quisiéramos emigrar, buscar nuevos horizontes y dejar lo logrado por años para buscar nuevos caminos, nuevos derroteros… nuevas oportunidades donde ya no se nos digan mentiras.
Muchos estamos cansados, como decían inolvidables compañeros, de sonrientes declaraciones que nos aseguran que no pasa nada, que todo está bien cuando vemos que el barco hace agua, que las velas no se encuentran orientadas hacia el viento que es favorable para la sociedad, que no hay proa alineada con la popa y las corrientes nos llevan al enorme abismo de la incertidumbre, esa que nos ha causado tantos desacuerdos.
Y lo más triste, que nos juzgan y pretenden, sin la calidad humana y profesional, emitir una opinión sobre nuestro trabajo profesional sin más base que el supuesto criterio de una o dos personas.
No es por ahí, de eso estamos seguros.
Habemos algunas personas que, pecando de soberbios, tenemos ya camino en esta vereda hacia un rumbo determinado, y no podemos permitirnos el lujo de dejar que alguien juzgue si somos o no útiles, sin fundamento alguno que el visto bueno de su patrón.
No aceptamos esos juicios superficiales de gente que no ha tenido la madurez, la preparación o la inteligencia para emitir una opinión congruente, madura y valedera.
No lo aceptamos, que conste y quede bien claro. Preferimos dejar las cosas como están que ser partícipes de tal humillación.
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