Niños Hondureños tras el Mito Americano

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Erwin tiene 10 años y Endri solo 8, y aunque no se conocen platican sus experiencias en el Centro de Atención para Menores Fronterizos (CAMEF), del sistema DIF de esta ciudad. Salieron de Honduras en fechas diferentes con sus familias para huir de la inseguridad generada por las pandillas, el narcotráfico y la violencia de la peligrosa Mara Salvatrucha, que dicen, mata, secuestra y pide derechos de piso a los habitantes de Tegucigalpa y San Pedro Sula, de donde son originarios.

Erwin salió de su barrio en la capital hondureña, hace dos meses junto con sus padres y sus hermanas Nicole, de 22 años; Nayeli, de 13, y Génesis, de 7, empujados por la guerra que libran las pandillas, y la impunidad con que lo hacen.

Con algo de dinero salieron de su país rumbo a México, pero en Guatemala se les acercó un ‘coyote’ que les dijo que los traería hasta Nuevo Laredo por un pago de 5 mil dólares. Le dieron mil dólares a cuenta, pero en la región de El Petén, en Guatemala, el hombre desapareció con el dinero.

“El hombre se nos acercó en Guatemala y nos dijo que nos traería a la frontera, pero se drogaba mucho y se fue con el dinero”, dice Erwin.

Es un niño moreno, delgado, de ojos grandes y vivales, pero en ellos aún se refleja el temor de tener que regresar a Honduras, a la misma pobreza e inseguridad en la que vivía, y peor, de tener que vivir en la zozobra para no ser una víctima más de los Maras, y tal vez ya no continúe sus estudios en la primaria que abandonó.

El viaje

La familia de Erwin tardó 15 días en su trayecto de Honduras a Tabasco y Veracruz, en donde abordaría el tren carguero conocido como ‘La Bestia’, pero en Veracruz unos hombres que se les ‘pegaron’ al ingresar a Chiapas, les robaron dinero y los documentos personales de todos.
Así llegaron a Poza Rica en donde se hospedaron en un hotel barato que una mujer les había recomendado, pero también les llevó un ‘coyote’ que los llevaría hasta Nuevo Laredo, pero también les robó dinero.

“El ‘coyote’ nos trajo a Nuevo Laredo, y nos dijo que nos mandaría gente para cruzar, pero nunca llegaron y nos robaron otros mil dólares, por lo que tomamos un taxi que nos llevó al puente (internacional 1), en donde nos entregamos a la migra (INM)”, relata.

Una vez en el puente, caminaron hasta llegar a las casetas de revisión de documentos, en donde fueron detenidos, pero solo a Erwin los entregaron al Instituto Nacional de Migración, y no sabe la suerte de sus hermanas también menores.

“Tengo miedo de regresar a Honduras, porque mi papá vendía ropa y le cobraban impuestos la M-18 en la colonia La Laguna, y un marero quería abusar de mi hermana Nicole, y le dijo que la iba a secuestrar, por lo que mi papás decidieron venir para acá.

“Ya no quiero regresar porque los mareros echan tiros cerca de la casa, y mataron a un tío y a otro familiar de mi papá, hace dos meses, por lo que se fue mi papá a un rancho porque lo iban a matar también, y a mi abuela le pusieron una pistola en la cabeza, y por eso ya no quiero regresar”, relata.

Su deseo es llegar a Estados Unidos en donde quiere estudiar y después trabajar, para sacar a su familia de la pobreza, y vivir una vida mejor.

El caso de Endri

La odisea que ha vivido en Honduras Endri, no es muy diferente a la de Erwin. Salió de San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande e importante de ese país, hace un mes, al lado de su madre y una hermana de solo dos años de edad; y viajaron en autobús, autos particulares y en el temido tren carguero.

En edad es más chico que Erwin, pero tienen la misma estatura y los mismos rasgos y color de piel.

De Chiapas llegaron en autobús a Tabasco, luego a Veracruz, hasta llegar a la estación de Lechería, en el Estado de México, en donde un hombre se ofreció a traerlos hasta Nuevo Laredo a cambio de dinero.

“Aquí en Nuevo Laredo, el hombre nos pidió dinero para cruzarnos, pero fuimos caminando por el puente y fue donde nos agarraron”, explica.

El padre de Endri vive en Estados Unidos, quien días antes de que salieran de Honduras, había cruzado la frontera como indocumentado, por lo que ellos lo seguirían, pero no tuvieron la misma suerte.

“Yo iba a la escuela en tercer grado, y le pedí permiso a mi profesora, quien me dijo que estaba bien que me fuera a la frontera. Mi mamá no trabaja, pero m i papá trabajaba en una constructora, y después se fue a Estados Unidos hace más de un mes”, explica.

“En Honduras se vive muy feo porque hay mucha Mara. Matan a la gente y donde vivimos hay muchos de ellos, y tengo mucho miedo, y por eso toda mi familia se está viniendo para Estados Unidos, y conozco muchos niños que también se han venido”, detalla.

Sabe que será deportado a su país, pero no quiere regresar porque ha visto como matan a la gente de su barrio, y tiene miedo de que algo le pase a su familia.

El mito

De acuerdo a datos presentados por el director del Centro de Atención a Menores Fronterizos (CAMEF), Mario Guerra, la mayoría de las familias de hondureños que llegan a Nuevo Laredo, son engañados por coyotes o pateros que les dicen que si se entregan a las autoridades migratorias de Estados Unidos, les darán asilo político por haber huido de la violencia en su país.

“Pero eso es mentira, los engañan y los estafan, porque nunca les darán asilo político, y ellos no lo saben. Por eso es más frecuente ver que se entregan solos a migración en el puente internacional, porque piensan que los van a recibir”, señala.

“Eso es un mito, un engaño que usan los coyotes para estafarlos. Les dicen que en Estados Unidos los van a ayudar para vivir ene se país, pero es un mito, un engaño para robarles su dinero, ya que desde Honduras les cobran entre 4 mil 500 a 5 mil 500 dólares”, señala.
Dice Mario que el flujo de niños de Honduras aumentó mucho con relación al año pasado, aunque el flujo de niños de otros países no tiene mucha variación.

Este año fueron atendidos durante el primer semestre mil 150 menores en el CAMEF, pero el año pasado la cantidad fue de mil 735, y aunque la cantidad es menor este año, la cantidad de extranjeros es de 260 con relación a los 135 del año pasado.

Pero en ambos años, del total de menores atendidos en el albergue, el 70 por ciento son de origen hondureño, “y el flujo mayor que tenemos es entre los 12 y 13 años a los 17, que viajan solos, y es muy raro cuando menores de 8 años viajen solos, ya que vienen acompañados de un adulto, familiar o conocido”, explica.

Los niños mexicanos que también atiende el Camef, son originarios en su mayoría de Guanajuato, Michoacán, Veracruz y el Estado de México, por lo general, a diferencia de los extranjeros, cuando viajan solos son mayores de 13 años.

Para Mario Guerra, el problema de los menores indocumentados que serán repatriados de Estados Unidos, tiene poco que ver con la migración de hondureños, más bien, explica, se deba la extrema violencia que se vive en ese país, y porque esos niños buscan a sus padres o familiares que ya viven en Estados Unidos.

Debido a esa problemática, tanto en México por la extrema pobreza, y en Honduras, por la extrema violencia, se espera que este año la cifra de menores atendidos en el Camef, supere la cifra del año pasado.