Prepotentes y soberbios

Llamó mucho la atención del columnista un comentario de Facebook donde se ensalzan los valores lasallistas, necesarios para cualquier persona que tiene que ver con esa institución, La Salle, desde el nivel preescolar hasta el nivel superior y posgrado tiene un sinnúmero de miembros que, en primera instancia, van a estudiar, pero que deben ser congruentes con la forma de ser de aquel hombre al que deben su nombre: San Juan Bautista De La Salle.
De él se tomó un ejemplo como sucede con nuestro país, por citar dos ejemplos distintos pero similares. Somos neófitos en la filosofía lasallista, pero no concebimos que haya gente que gaste mucho dinero en la educación de sus hijos y lelguen a las instituciones y afecten el tráfico, se metan entre los carros abusando de la buena fe de otros, que sean patanes y prepotentes. No va con la filosofía lasallista.
Aplica a la filosofía de Antonio Repiso, donde nuestros hijos van a recibir educación de mucha calidad, pero… ¡qué podemos decirles si no les enseñamos a respetar a los demás!
Porque obstruir las calles por el tradicional y torpe “un momentito nada más” no es congruente con lo que queremos tengan nuestros hijos como valores humanos de respeto a los demás y a sí mismos.
En México, hombres ilustres como Juárez nos mostraron que respetar a los demás es premisa fundamental en todo ser humano, y de ahí parte lo demás: si un gobernante respeta a sus gobernados, recibirá respeto; si un gobernado respeta a sus gobernantes recibirá acciones positivas, y así, en todos sentidos, si hay respeto a los demás y un poco de cortesía, cambiaríamos este mundo que está urgido de un resurgimiento de los valores que nuestros abuelos y padres nos enseñaron, a veces, con golpes, pero que quedaron grabados en el corazón y principios básicos.
No es pensar a la antigua cuando hablamos de estos valores, sino pensar como seres humanos congruentes con la vida y lo que nos ofrece, pensar como ciudadanos acostumbrados a convivir con los demás, a ser ordiales y corteses, a dejar aun lado la patanería y el complejo de asociar lo ancho de la cartera o abultado de una chequera con el sentirse superior; el pensar que un auto o camioneta de lujo nos da el estatus que la moral y la educación no nos permiten tener es también un yerro.
Mucha gente se sube a su vehículo y cambia sus actitudes sociales: se vuelve más agresiva, nunca te darán el paso, menos se frenarán si vas a cruzar la calle: se pararán en doble y triple fila y pondrán sus direccionales como si eso fuera patente de corso para obstruir. Piensan que así se arregla el mundo.
Si son damas, hablarán con su “viejo” y asunto arreglado, y si son caballeros, se bajarán y con un “¡¿qué te pasa? piensan que lo arreglan todo.
Como decía “Gululú”: “¡Pobrinos!” porque no tienen dos centavos de calidad humana ni sentido común, nada de humildad y caridad hacia los demás, que son las cosas que hemos ido perdiendo poco a poco.
David despertó nuevamente el interés por comentar lo anterior, por motivar a los nuestros y a quienes viven cerca de ser más humanos y dejar esa estúpida prepotencia que tanto nos está dañando. Nunca será más importante una Suburban que un Atos: lo que importa es la calidad de su conductor o conductora, porque eso no se puede comprar con nada en la vida.
No hay quequera que sustituya la moral y las buenas costumbres, el dar paso a una dama y evitar ofenderle. Nada hay que compre estos detalles de una dama o un caballero, de alguien que se precia de vivir en sociedad de buena forma, sin agredir a los demás de ninguna manera.
Ojalá la gente lasallista, del Repiso, de las escuelas ofíciales, de la UAT y del gobierno, en todos sus niveles entiendan que sin su camioneta son como todos, e inclusive, arriba de ella, aunque esté blindada, surge hacia la sociedad lo endeble y frágil de su corazón humano.
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