Los métodos del Congreso

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Siempre hemos criticado la forma en que se conducen los legisladores que votan por “bancadas”: así se llama hoy en día a recibir línea y no pensar ni razonar una opinión, sino obedecer ciegamente lo que los que dirigen pretenden.
No concebimos esa como una adecuada forma de hacer política, porque no pensamos que les lleve lejos a nadie, y los ciudadanos nos hartamos de ver que cobran un dineral por levantar el dedo.
Haciendo un recorrido breve por el país entendemos que no son iguales las necesidades de nosotros en Tamaulipas que en Chiapas o Guerrero: que Michoacán requiere otras cosas al igual que Aguasalientes y así, podemos irnos uno a uno por los estados.
En las bancadas se obedece, como fieles corderos, a lo que el que dirige tiene como línea, muchas veces, proveniente de otro poder: el Ejecutivo.
Hoy hemos experimentado en base a las actuaciones de los tamaulipecos que han cambiado las cosas al menos en nuestro Congreso local: hoy, se ponen de acuerdo antes de ir a votar a favor o en contra y discuten la pertinencia de que algo sea o no bueno, que pueda o no trascender.
Pero lo más importante es que hemos dejado atrás los grotescos circos y pantomimas armadas por uno o dos opositores a la mayoría: hoy, los legisladores de oposición han tomado muy en serio su papel y participan defendiendo sus postulados y forma de pensar sobre las problemáticas existentes, buscando convencer a través de la palabra; para eso es un Congreso: para debatir.
Los señores elegidos por cualquier forma y cualquier partido están inmersos en un trabajo que va a las calles: van a los sitios donde fueron elegidos a dejar beneficios, a informar, a gestionar. Han salido de sus cómodas oficinas para decir a la gente que votó por ellos qué es lo que se está haciendo, y al parecer, está dejando resultados positivos, porque está cambiando la idea y percepción de los legisladores locales.
Y es importante ver que uno de cualquier color político debate con otro de fuerza distinta, que se tratan como iguales y como tales procuran eso que es el arte del debate: convencer, sumar… buscan ser verdaderos representantes populares.
Y eso es justo verlo en cada día que vivimos: cambian las formas y seguramente quien dirige estos esfuerzos está demostrando a propios y extraños que existe la capacidad de concertar y ubicar a todos en su sitio para sumar.
Los resultados de los debates y votaciones son producto de un consenso generalizado aunque no unánime en muchas ocasiones, pero que ha dejado positivos logros a los tamaulipecos.
Ramiro Ramos Salinas es de la idea de que tienen que cambiar las cosas en la política del siglo veintiuno y es hora de que la gente les vea con respeto, con gratitud, convencidos de lo que se está haciendo que pueda mostrarse como tema de interés general.
Y eso sencillamente, hay que aplaudirlo.
Cierto: tienen que cambiar viejos vicios; no podemos dejar de pensar que muchos de los actuales políticos, por su antigüedad y trayectoria son fruto de esa vieja clase política en extinción, pero que tienen algo que arrastrar aún de lo mismo, y se sacuden los lastres de antaño, que funcionaron o no, estuvieron presente durante décadas.
No es algo que surja en dos minutos, por tanto, no desaparecerá en un día. El asunto es que todo está cambiando y tenemos que verlo de esa manera, para que, entonces podamos convencernos de que México y al menos, Tamaulipas, tiene un cuerpo de legisladores que se convierten, de levantadedos a respetables representantes populares.
Esa debe ser la premisa de todos ellos: validar y justificar sus cargos y salarios, para que los tamaulipecos nos podamos sentir orgullosos de cada uno de ellos y confiemos en que estamos bien representados.
Nuestro voto de confianza para todos ellos, pero no se la crean.
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