Dice aquel hermoso bolero que “de las lunas, la de octubre es más hermosa”, y sigue alabando al cuerpo astral por su hermosura, la misma que nos comparte diariamente durante casi todo el mes que estamos iniciando prácticamente.
Y es ahí, justamente donde los brillos son más intensos y se da cuenta todo mundo de su existencia, donde se encuentran algunos destacados –y no tanto- miembros de la llamada clase política tamaulipeca, buscando un sitio en la lista de triunfadores de los comicios de 2015. Algunos, quieren antes de ello, la postulación, porque saben que las cosas tienen un orden.
Y en ese sentido será el Instituto Nacional Electoral quien lleve a cabo las elecciones venideras, en un ejercicio democrático más que, cuestionado muchas veces por los perdedores por lo general, se lleva a cabo tratando de que todos queden a gusto con los resultados, a menos, que sepan que se ha respetado la voluntad popular.
Y esos que están allá arriba están cuidando cada paso, cada palabra, cada acción, porque saben que si bien es cierto que se encuentran allá arriba, donde todos los observan y envidian su luz propia, saben que en cualquier momento se pueden resbalar y caer estrepitosamente.
Es el tiempo de manejarse inteligentemente en todos sentidos, y de medir cada paso que se da, con la premisa fundamental de no engañar a los electores, porque cada día somos un pueblo que tiene más estudio, más conocimiento y gracias, en parte, a la penetración de las redes sociales, hay más cultura política y cívica, y eso hace temblar a quien no actúa honestamente.
El PRI está preparando sus cuadros y hay gente que lleva trabajando mucho tiempo, a grado tal que son ya hoy en día los indicados para llegar a la lucha por la sucesión gubernamental.
El trabajo –y eso lo deben aprender bien- es la mejor carta de presentación de cada político que se jacte de ser inteligente y de querer llegar más lejos cada día.
Los resultados se presentan en base a lo que se trabaja o la manera en que se convence a los demás, siendo los primeros sus consejeros partidistas y en segunda instancia los electores, que finalmente, son los que determinarán quienes ocuparán qué cargo y quienes se irá a su casa, con las manos vacías y las ilusiones hechas pedazos.
Pero la gente, los que andamos en las calles tenemos nuestra forma de ver las cosas, y en ese sentido es importante no tener la sangre tan caliente para saber cuando avanzar, cuando detener el paso, y cuando decir lo que deben decir.
Nadie dijo que fuera fácil, y la profesión que llevan estos grupos y personas no es nada fácil, porque se exponen a la diatriba cotidiana, al insulto, a los rumores malsanos y otras cosas que dañan de forma tan severa que se puede caer ese brillo lunar que hoy ostentan.
Nadie puede afirmar que la tiene segura –la candidatura- y menos la elección, porque aquí cabe aquel refrán que reza “del plato a la boca se cae la sopa”; entonces, habrán de manejarse de forma muy discreta pero no tanto que no les permita darse a conocer; de forma inteligente pero no atrabancada ni sigilosa: de forma prudente para alcanzar sus objetivos.
Los partidos igual: deben entender que muchos estamos cansados de cosas que vemos a diario y que queremos ver cumplidas las cosas en la medida de lo posible, sin pedir imposibles, porque tampoco la autoridad está compuesta por magos
Así que, quien tenga aspiraciones y se encuentre entre la luminaria de la luna deberá entender la lección y saber cuales son los tiempos que marca la ley y la ciudadanía, los de sus institutos políticos, y entonces, moverse en la medida que su prudencia les permita hacerlo.
Es la hora de hacerlo y lo saben, pero con el cuidado de seguir siendo como aquel astro celeste, y no caer a un estrepitoso infinito donde todo es oscuridad y olvido.
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