Es muy probable que el nombre de Maricela Mora no signifique mucho para algunas personas, pero hay otras, sin embargo, que le tenemos siempre muy presente por su significado en nuestras vidas.
Se le recuerda, como dice ella, en aquel pupitre maltratado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, sentada siempre al principio de la fila, cursando la carrera de Relaciones Públicas a nivel licenciatura; tratando de cristalizar sueños, como muchos de nosotros que en alguna ocasión pensamos que podría ser posible obtener un título universitario, en tiempos que no era fácil por diversas razones, siendo la nuestra, o el buen pretexto, la multitud de trabajos atendidos y el mejor regalo de la vida: David, así como convertirnos en elementos de familia congruentes y responsables.
Un mensaje por Facebook en momentos difíciles llegó en su justo momento, pensamos, y nos ha hecho vibrar como seres humanos.
Dice ella que recuerda aquellos días en que nos sentábamos, al frente ella, seguida por Eli y luego por mí, a quien recuerda, como describe: “con abundante cabellera y bigote”, pero lo que más ha significado en ese largo y emotivo comentario es el hecho de recordar que, cuando volteaba la mirada hacia atrás estaba yo, entregando una sonrisa “como siempre lo hacías”.
Sinceramente, el comentario ha revivido muchas cosas, pero quizá la más importante es el saber que los compañeros de aquella maravillosa generación de publirrelacionistas tenía entre sus filas a gente que siempre estuvo pendiente de los demás.
Rememora sus tiempos de estudiante “de fuera” como dice ella, y habla de lo difícil que significa llegar a la ciudad, estudiar y más, con las limitantes que provoca precisamente ser “de fuera”, aunque hoy en día aseguramos que no será más de ese grupo foráneo, porque se queda en el corazón y la mente de muchos de nosotros.
Impulsó la creación del grupo en Facebook de egresados y henos ahí: reunidos en una buena cantidad y compartiendo –a veces muy poco- comentarios o pensamientos, pero tratando de unir a una generación que marcó huella en la vida de muchos: Héctor, Ali, Eli, Bigos, Norma, Mary, Gastón, Meli, Pepe Macías, Laura Vivián y muchos pero muchos más, que hoy surgen en nuestra comunidad y más allá desarrollando actividades diversas todos, gente de bien, y eso nos enorgullece.
El mensaje de Maricela llega en momentos de crisis que se supera precisamente con el apoyo de los nuestros, de esa gente que nos quiere y, cuando se necesita, nos recuerda la esencia de lo que nos permitió llegar a ser lo que somos: la sonrisa hacia la vida y una actitud que hay que tener siempre: alegría, respeto, optimismo, y el agradecimiento a la vida y a nuestro Ser Supremo, cualquiera que sea nuestra idea de él.
“Nunca te vi triste, siempre con una sonrisa grandototota, alegre bajo ese bigote que tenías y esa cantidad enorme de cabello, hahaha, recuerdas, parecías niño bien peinado!!! Hoy por hoy ya no hay bigote ni cabello bien peinado, pero esa sonrisa sigue!, y aun más , debiera haber crecido porque veinte años después hay mas cosas vividas, mas alegrías, mas satisfacciones y es verdad, no podemos olvidarnos de las tristezas, pero esas que las cuente otro; nosotros vamos a e enumerar nuestras alegrías y triunfos!! de lo demás aprendemos y damos vuelta a la hoja. NO permitas que nadie que no te produzca una carcajada te de lágrimas!!!…”
Es parte del emotivo mensaje de mi querida amiga y compañera de aula, de profesión y de vida. Maricela, hoy radicada fuera de la ciudad, sigue residiendo en el corazón de quienes compartimos conocimientos y clases en la vieja facultad, hoy, flamante Unidad Académica.
¿Qué queda pendiente?
Decir: Gracias, querida Maricela, seguramente Dios te ha dedicado mucho tiempo para engrandecer tu corazón y sus sentimientos. Por eso estamos agradecidos con él por haberte conocido.
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