No se vale tener poco y desperdiciar: eso aplica en casa todos los días: cuando hay para comer se debe administrar bien el recurso para que no haya cosas que tirar, y todo sea aprovechable. Es la máxima de una buena administración del hogar.
Y también aplica en todos los rubros, siendo el oficial donde debieran apegarse a esta norma básica del presupuesto familiar, porque finalmente, el dinero del gobierno es nuestro y no se vale que lo tiren.
Pero tampoco se vale que nosotros mismos no cuidemos el recurso. Es como si pedimos un plato de comida y dejamos la mitad porque ya estamos llenos o algo por el estilo, y entonces, se hace un desperdicio insultante, que ofende a la mayoría que no tiene para un taco en casa y muere por tener algún recurso posible.
En ese sentido, molesta, duele ver la cantidad de credenciales de elector que el flamante –de nombre- Instituto Nacional Electoral ha destruido al vencer el plazo de recogida de estos plásticos, tan necesarios hoy en día para todo, y que se han constituido junto con el pasaporte como los documentos de mayor validez, confiabilidad y ocupación en nuestro México.
La consabida disculpa porque hemos perdido el dato del número exacto de plásticos inhabilitados, pero sí sentimos que no debiera de ser de esa manera, ya que finalmente, cada uno de estos documentos tiene un coste, y ese lo absorbemos usted y nosotros, a través de los impuestos.
Pensará el lector que qué tanto es el coste de la credencial del INE, y habría que multiplicar el número de pesos que tenga como valor por los millones que se destruyen en el país. Un total y auténtico desperdicio.
Es la nota mala para quienes han optado por dejar el trámite a un lado y les ha valido más que nada el esfuerzo de la autoridad porque todos contemos con un documento confiable que sirve para todo, ¡vaya!, incluso para votar.
De por sí pensamos en el coste absurdo que tendremos que pagar por el cambio de nombre, ya que, las credenciales de la gran mayoría, en el sentido estricto del derecho, son ilegales porque pertenecen a un instituto que no existe ya. Esto aunque nos digan que sigue valiendo, tendrá un coste por reposición, y agregue las muchas que no fueron entregadas… uff.
Vienen elecciones en 2015 y muchos andarán apurados a la mera hora por sacar su credencial sin recordar que hay que hacer cita, gestionarla y más, y esperar su entrega: no es inmediato el asunto, y eso se contará para saber si se entregarán a tiempo o no para el proceso venidero.
Los bancos solicitan ya como requisito indispensable este documento que no aporta mucho espacio y sirve para muchas cosas, como dijimos antes.
Es necesario que provoquemos entre los nuestros el sentido de la responsabilidad electoral y de otra índole: en primera instancia, si vamos a hacer un trámite lo justo es concluirlo y bien, y no andar con cosas a medias, y además, si no tenemos el documento amén de lo que digan los bancos, no podremos elegir el año próximo a nuestros representantes, y esa es una obligación ciudadana.
Es un derecho convertido en obligación, porque no podemos dejar que elijan otros por nosotros, sin embargo, si no participamos no tenemos derecho a inconformarnos sobre quien nos gobernará, y eso debe quedar más que claro.
Utilicemos el sentido de responsabilidad, hagámoslo valer en nuestro entorno, entreguemos entonces el voto de confianza a los que pretenden representarnos, pero además, ayudemos a que los recursos del gobierno no se tiren a la basura, porque cada credencial cuesta algo de dinero, que finalmente, es como si lo hubiéramos depositado en un caño de drenaje.
La responsabilidad va de la mano con los derechos ciudadanos, y es tiempo de hacer lo que debemos, en aras de conservar el estado de derecho basado en una elección democrática, donde debemos participar todos… o casi todos.
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