El regalo más grande…

Somos los seres humanos difíciles de entender, a grado tal que necesitamos de varios profesionales de distintas actividades para entendernos: además, somos los únicos en el planeta que gozamos con nuestra propia destrucción y hacemos cuanto nos es posible por lograrlo; las pruebas del calentamiento global, la destrucción de la capa de ozono y muchas cosas más como la contaminación de mantos friáticos, ríos, lagunas y presas son clara muestra de lo anterior.
Sin embargo, no todo es malo en la raza humana, porque tenemos cosas que merecemos destacar, y una de ellas puede considerarse como el regalo más grande, como menciona Tiziano Ferro y Amaia Montero en una canción que llega de nueva cuenta a nuestros oídos en un momento que no sabemos si ha sido coincidencia o casualidad, mensaje o simplemente, porque quien programa las canciones de la radio comercial tuvo la ocurrencia de ubicarla en el dial, la tare de este lunes.
El caso es que ha removido fuertemente los sentimientos y situaciones que se viven y a veces causan mucho dolor: lágrimas, pensamientos fatalistas, pensamientos que nos llevan a remembrar lo vivido y añorar lo que se aleja por diversas circunstancias, pero por otra parte, nos hacen pensar en lo que viene por delante y que, seguramente, ha sido bueno.
“Sé que si me cierras una puerta de seguro me abrirás otra” reza una plegaria a Dios, y que tiene que ver con un poco de estos sentimientos.
Ese regalo que se conserva en un cofre virtual, dentro del ser de cada uno de nosotros es, sin lugar a dudas la amistad, lo que una gran parte de los seres humanos nos hemos olvidado de alimentar y cultivar, porque no pensamos en lo valioso que es contar con alguien cerca de nosotros y en quien podamos depositar la confianza.
Cuando se tiene una vida en pareja, lo primero que hay que lograr es ser amigos de esta persona, porque de ello parte el amor, la confianza, la certidumbre de que hemos realizado una buena elección y muchas cosas más. La amistad hacia ese ser debe ser fuerte, única y para toda la vida.
Hay momentos en los que renegamos de todo, inclusive de esta relación, pero se debe uno dar el tiempo para revalorar los sentimientos y ubicarlos en su perfecto sitio. El regalo más grande de la vida es la amistad, y de ella parte todo lo demás.
Los hijos deben ser amigos nuestros para que, a partir de ello, en un ambiente de respeto mutuo se pueda construir la relación que debiera existir en toda familia o relación padre-madre/hijo; los esposos, novios o pareja debemos aprender a ser amigos y entender a nuestros iguales: procurar su bienestar por sobre todas las cosas, a veces, sacrificando un poco lo nuestro, que no es muy saludable hacerlo en forma total, pero se requiere de llevar a cabo en aras de que nuestros seres cercanos sean felices.
Un amigo sabe cuando se cuenta con él y está presto a servir de consejero, de apoyo, de soporte… el apoyo se manifiesta de diferentes maneras, pero no hay que perder de vista el hecho de que de la amistad surge ese hermoso y único sentimiento llamado amor, y que perdura por lo general para toda la vida, o al menos, por la etapa que se debe mantener.
El regalo más grande es la capacidad de entender a estas personas en sus inquietudes y metas, ambiciones y pretensiones, en tratar de ver una sonrisa en su rostro y apoyar sus acciones de la manera que vengan, aunque no nos convenza lo que hagan, porque, finalmente, no tiene por qué ser de nuestro agrado siempre: hay momentos para todo en la vida.
Es por eso que quisimos rendir un tributo a quien sabe valorar estos conceptos, y ubicar como lo mejor que ha sucedido en su existencia lo que consideró en alguna ocasión como “El regalo más grande”, aunque hoy en día pueda tener dudas sobre sus conceptos o sentimientos, porque entendemos que a los seres que más amamos también hay etapas en que les rechazamos o creemos odiarlos. Cuando ellos viven y son felices, nos están compartiendo precisamente ese regalo, el regalo más grande.
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