El título de la columna alude a un hermoso libro que habla de las maravillas que tienen las mujeres por naturaleza, y la forma en que deben ser lo que están llamadas a ser: seres humanos respetables y respetados, en tu integridad física, emocional, moral e intelectual.
No somos partidarios de los movimientos feministas porque siempre hemos considerado que no debiera existir tal distingo ni preferencia hacia sexo alguno: que la equidad de género se debe presentar por naturaleza misma sin necesidad de establecer cuotas o aspectos varios.
Si hay mujeres sumisas es porque el hombre que tienen cerca, o algunos casos las mismas mujeres de su entorno se lo permiten o se lo imponen.
Existen varios tipos de violencia de género que deben combatirse y no nada más establecer criterios respecto a los trabajos o cargos; el que haya 50 por ciento de cada género en cada instancia no garantiza que la mujer sea respetada.
Existen, hoy en día, mujeres universitarias que viven la peor de las crisis de sumisión y entrega humillante, porque han dejado en el camino su condición humana y la dignidad que debe tener cualquier ser vivo, del género o especia que sea.
Triste es saber que hay quienes, en su condición de miembro de una clase social privilegiada porque tiene acceso a estudios superiores, tiene una actitud sumisa y humillante, no para los que la pisotean, sino para ella misma.
No es posible comprender que existan quienes en plena flor de su vida tengan que pedir permiso a su pareja de establecer contactos, amistades, trabajo o forma de vestir; el que tengan que ser sometidas a una revisión de sus cuentas de correo personales, redes sociales y formas electrónicas de comunicación, esperando la aprobación de esos engendros que dicen llamarse “pareja” y no son más que machos –en su mayoría- que trasladan sus complejos al querer dominar a su pareja, pero no tienen la culpa estas bestias humanas, sino quienes se los permiten.
Una mujer que se deja pisotear de esa forma, luego será humillada de palabra y vejada en su dignidad más profunda e íntima, y puede llegar, como siguiente paso, a los golpes. Algunas se auto-engañan diciendo que les pegan o las controlan porque las aman, y suponen que esa es la forma de sentirlas como una propiedad de esos individuos. Nada más alejado de la realidad, y cuando ellas, de espíritu libre y aventurero se dan cuenta de cómo fueron pisoteadas, las consecuencias son muy desagradables. Algunas llegan al suicidio inclusive.
La mujer debe brillar por su capacidad individual y no por los permisos de su pareja. Si ella lo permite, está mal, muy mal de autoestima y otros factores fundamentales, y eso la llevará a una mediocre existencia, sin duda alguna.
Se celebró en la Universidad Autónoma de Tamaulipas el día internacional para evitar la violencia en las mujeres, en un evento sin precedentes; lo que sigue, es que las mujeres de nuestra sociedad entiendan lo que significa tal cosa y no se dejen humillar, pisotear, sobajar, ningunear, pues.
Ella no tiene por qué sentir que no vale más que una relación física por soledad o miedo a estar sola de por vida: vale más la independencia individual que un encarcelamiento emocional, y eso es premisa para vivir dignamente.
No se pide que sean esas revolucionarias que exigen sus derechos y una equidad manifiesta cuando tienen que pedir permiso para salir de casa; no se pide, tampoco, que sean agresivas con varones y quieran ser el número uno cuando no son capaces de formar una fila en el banco, y exigen la preferencia que se otorgaba antaño a las damas. No: eso no es equidad.
La mujer debe aprender a valorar su existencia como ser humano, como complemento de una pareja que conforma su existencia y no como sostén o como objeto. Ella debe tener su lugar en la vida, y si la pareja no se lo da, debe tomárselo a costa de lo que sea.
Una oración de esperanza para aquellas que se dejan vulnerar en su dignidad humana, y el reconocimiento a las triunfadoras en el arte del bien vivir, con gente de cualquier género en su entorno, y que les sepa valorar como lo que son.
Esas son las mujeres que necesitamos, las que no se dejan vencer por un miedo a la soledad y son capaces de ser felices, con o sin alguien a su lado.
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