La condición del león

Reza un viejo refrán que “el león cree que todos son de su condición”, y aplica perfectamente para aquellos que han dejado cargos o puestos de elección popular y piden transparencia, equidad, honestidad y más, quejándose además de que no han tenido respuesta a estas solicitudes anteriormente.
Lo curioso es que las piden a quienes apenas llegan a un nuevo encargo, quienes no tienen responsabilidad alguna en el desastre en que se encuentra la dependencia o instancia en cuestión, y pretenden que se les notifique por los conductos que ellos establecen, olvidándose que, en primer lugar, no son los únicos habitantes del universo, mucho menos de Victoria y el estado de Tamaulipas, y que los demás también tienen una opinión valedera, siendo que se consideran por lo general las que atañen a un beneficio de la mayoría, que no quiere decir que todos estén de acuerdo.
Paréntesis para señalar la incongruencia de ciertos abogados –y abogadas- que reclaman que no hay un consenso en alguna elección de algo, cuando la verdad es que una gran mayoría opta por una opción: es natural que los que no estén de acuerdo voten en contra o se abstengan, sin que lo anterior quiera decir que hay “cochupo”, fraude, trampa o imposición, sino que, simplemente, en un proceso de votación democrática gana quien logra la mayoría, y ésta se establece por lo general con el 50 por ciento mas uno, a reserva de que se acuerden porcentajes distintos, como sucede en otros países.
Volviendo al tema inicial, nos asombra la facilidad de mucha gente para exigir transparencia cuando dicho sea con toda claridad: su forma de vida no corresponde al salario que devengan, por lo que hace sospechar que existen ingresos no declarados ante la autoridad fiscal, o de procedencia poco clara que engrosan su patrimonio. No queda que hablen por hablar, y tampoco que se quieran dar baños de pureza cuando tienen, como el zorrillo… ya sabe qué sigue.
En la administración de recursos oficiales y ajenos se tiene que ser muy claro, y en ese sentido existen personas que llegan con las mejores intenciones, pero obviamente, se han encontrado con panoramas difíciles en cuanto a claridad y transparencia, como se los exigen algunos.
Sin embargo, suponemos que tienen la capacidad para enfrentar este tipo de retos que tienen mucho que ver con algo estúpido llamado revanchismo político, y que aplica a partidos políticos, dependencias, instancias de gobierno de los tres niveles, universidades, unidades académicas y hasta clubes deportivos.
Aplica en todo el revanchismo, y no falta alguien que se considera, como dice otro refrán: “más papista que el Papa” y defiende a capa y espada a quienes dejaron una estela de corrupción y suciedad, donde favorecieron a un sinnúmero de amigos, lambiscones y familiares, y que siguen en las nóminas cobrando cheques que no devengan. Pero algunos de los afectados son los que han dado el grito en el cielo exigiendo esa transparencia que pocos conocen en ese ámbito, y que se niegan a reconocer habrá dentro de muy poco tiempo, con las sorpresas naturales del caso.
Hay mucho qué revisar para garantizar que todo está bien y que funcionará transparentemente, y en ello quien manda tiene que poner mucha atención, porque no es justo que sigan beneficiándose más aquellos haraganes y aviadores que, al inicio de su carrera profesional ya saben lo que es cobrar sin trabajar, porque “papi” les ha dado “la mano” en un “jalecito” de esos, donde solo hay que firmar y retirar del cajero los emolumentos no devengados.
Esos son los que deben exigir transparencia en sus actos a su conciencia, y detener la estela de corrupción que llevan dentro, arrastrando instituciones y personas, dejando al garete planes y proyectos muy importantes que nada tienen que ver con certificaciones y calidad.
Es hora de demostrarles a esos puritanos que están mal, y que la limpieza absoluta inicia cuando uno se higieniza bien su propio… (ya sabe qué).
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