A trabajar por los demás

Una gran diferencia hemos palpado, como ciudadanos comunes y corrientes, sobre el desempeño de nuestros legisladores locales y federales. No tenemos nada contra nadie, y si así fuera, tenemos el derecho de sentir animadversión por alguien o pensar que su función o gestión no ha sido la adecuada y se ha servido de un puesto de elección popular para dar cabida a sus ambiciones personales. Es una condición humana que nadie nos puede ni debe quitar.
En ese sentido, hemos sido críticos con aquellos que durante tres años se van prácticamente a vivir al Distrito Federal, con un salario insultante para la situación económica que vive México, y con “dietas” –así les llaman a los privilegios económicos- que les permiten pagar sueldos decorosos a un grupo de personas, algunos eficientes, y otros nada positivos. Esos son los legisladores federales, hijos de la mala vida y una decepción que seguramente podrá ser atajada en la próxima legislatura.
Pero los diputados locales, y perdone el lector que insista en ello, pero es importante mencionarlo, porque han sabido ganarse un sitio menos negativo, porque han tenido trabajo de roce social con sus comunidades, y para ello hemos tenido muchas constancias a través de las oficinas de difusión del propio Congreso local, así como de grupos de gente que ha sido beneficiada con algo de alguno de ellos.
Río Bravo, Victoria, Reynosa o cualquier distrito han sido marco para estos beneficios; qué bueno que estén trabajando para su futuro porque finalmente, cuando ellos hacen algo por mejorar su imagen están logrando impactar, en este caso, en la población motivo de su elección.
Nuestros diputados han estado pendientes de muchos conciudadanos y han sido severamente criticados por la calidad de las cobijas que han entregado; esos “cuasi-perfectos” que han despotricado contra los legisladores no han tenido siquiera un par de billetes de veinte pesos para apoyar a alguien, y por lo general son gente que bien cobra en dependencias, que tiene compensaciones y más, pero no son capaces de ser solidarios.
Cierto: dirán que no tienen obligación, sin embargo, la solidaridad humana debiera permear por sobre todas las cosas.
Así vimos a Ramiro Ramos Salinas, líder del Congreso tamaulipeco acompañar a Ricardo Rodríguez o a Blanca Valles, por citar algunos ejemplos, en recorridos donde además de las cobijas depositaron esperanza en mucha gente que esperar ser escuchada y tener un verdadero representante popular.
Hay mucho qué hacer en el Congreso aún, y Ramiro Ramos lo sabe, por lo que ha pedido a todos los legisladores trabajar en forma intensa para procurar impactar positivamente en la población causante de su designación como representantes populares.
Han entrado al último año de labores y algunos seguramente querrán seguir ascendiendo en su carrera política. Nada qué criticar, sino por el contrario, porque quien tiene aspiraciones y lucha por ellas merece el éxito. Qué bueno que nuestros legisladores no “chapulinearon” como lo hicieron 16 deshonestos jefes delegacionales en un Distrito Federal secuestrado por la sinrazón del llamado “Partido del sol azteca”, aparentemente de izquierda pero realmente sin filiación ni reputación adecuada.
Qué bueno, sinceramente, que los representantes de nosotros siguen en su mayoría haciendo el trabajo que se les ha encomendado y por el que cobran un buen sueldo, pero lo mejor que pueden recibir por este trabajo es, sin duda alguna, el reconocimiento de la ciudadanía.
En ese sentido, es de elogiar la función que tiene quien dirige los destinos de un congreso tamaulipeco que busca mejorar a sus conciudadanos. Ramiro Ramos sabe que hay que trabajar muy intensamente y hace una lucha personal y grupal por lograrlo.
No nos extraña que se le considere para empresas más importantes, porque ha demostrado que sabe trabajar por los demás, y eso es lo que estamos necesitando de nuestros gobernantes, a decir verdad.
Comentarios: [email protected]