Nos hemos preguntado una y mil veces hasta donde es positivo el hecho de que, durante las campañas electorales exista lo que se conoce como veda y que no es mas que una actitud que esconde la verdad, que no deja que se hagan las cosas como se debe o como se ha programado de acuerdo a las necesidades sociales.
Se comenta que será el próximo mes de abril cuando se suspendan los programas federales y estatales en aras de buscar lo que algunos llaman equidad para el desempeño de las campañas electorales, pero que otros más consideran como un verdadero abuso.
Razones: imagine el lector que tiene algún beneficio dentro de esas estrategias que engordan los informes oficiales y que ostentan títulos fuera de la realidad, y que de repente le digan: “estos meses no habrá despensa, pensión o cualquier otro beneficio” ¿cómo le caería?
Claro que no es agradable dejar de recibir algún beneficio porque suponen algunos que el partido en el poder aprovechará para hacer proselitismo con los mismos, pero no nos parece justo: nadie dejará de comer en época de campañas, o nadie dejará de atenderse, de sembrar o atender sus compromisos.
No vemos la razón por la que sucedan estas vedas, porque realmente no tienen una razón objetiva para existir.
Entendemos que lo que habría que existir es un sistema de revisión y supervisión lo suficientemente estricto como para determinar si se hace mal uso de los recursos, y de ser así, que se castigue con inusitado rigor a los infractores de tal hecho, pero no privar a quien tiene verdaderas necesidades.
Con medidas de este tipo se nota que los que establecen las leyes electorales y las políticas públicas no tienen ni la más remota idea de lo que es vivir en las calles, en un ejido o rancho, de ser parte de la clase asalariada o de los que no tienen siquiera un sueldo por pequeño que sea.
Se nota que no han tenido hambre. En ese rubro entran esos que están en los partidos políticos y que pugnan por medidas de “equidad” como la veda electoral pero que no tienen idea de lo que necesita realmente la gente.
Lo que menos se requiere es recortar los beneficios, o al menos así lo entendemos quienes pensamos que para aspirar a un beneficio oficial se tuvieron que demostrar una serie de necesidades que existen y no tienen caducidad ni duración temporal, es decir, no se dan por temporada determinada, y suponemos que quienes dejan de percibir sus beneficios estarán más que enojados con quienes establecen las políticas públicas y sus atroces vedas, y seguramente muchos optarán por manifestar su enojo con la ausencia del sufragio correspondiente.
Eso es lo que vemos a futuro inmediato.
Y para eso tuviéramos legisladores federales y locales que nos representan, y que pugnan por una vida decorosa de sus representados. Pero hemos visto que como no han tenido hambre o necesidades de ese tipo seguirán con sus votos corporativos y no razonarán sobre los requerimientos ciudadanos.
Castigar a alguien que deja de vivir dignamente con retirar un beneficio nos parece redundante, injusto, inhumano y fuera de toda proporción.
Claro, es el pensar de nosotros, que finalmente, no seremos tomados en cuenta por no ser parte de ese corporativismo político que existe y tanto daño hace a nuestra gente.
Y en ese tenor, nos hubiera gustado contar con alguno de esos miembros de un instituto político que dicen estar cerca de su gente, pugnando porque no falte lo necesario en los hogares de los mexicanos, porque cuando uno deja de tener en la mesa lo necesario tiene pensamientos fuera de toda proporción que no son compartidos con mucha gente.
Pero si insisten en castigar a sus potenciales votantes, seguramente estarán listos para recibir el pago por ello.