No cabe duda que uno de los temas que afectan directamente a la ciudadanía es el referente al transporte urbano, ese que, por lo general está conformado por unos muy pocos concesionarios que acumulan muchas, pero muchas concesiones de vehículos –peseras, les dice la gente- y se empeñan en que todo mundo hable mal de ellos, al ofrecer un servicio deleznable, terriblemente malo e inseguro que pone en peligro sus vidas, las de los viajeros y de quienes tienen la “osadía” de cruzarse en su camino en forma cotidiana.
Los peseros, como se les conoce, son por lo general personas sin preparación académica ni moral, sin formación cívica y con una alta dosis de oportunismo y también una enorme dosis de impunidad: hacen y deshacen a su antojo: chocan y no pagan, infringen la ley de tránsito de su municipio sin ser objeto de sanción alguna, manejan sin licencia y en estados inconvenientes, son antihigiénicos, poseedores de modos poco amables y un léxico que espantaría a cualquier carretonero de La Merced o el mismo “barrio bravo” de Tepito.
O sea, en buen español: son un grupo de ciudadanos poco solidarios con el civismo y las costumbres ciudadanas de convivencia natural.
Y para ello, se tiene que meter orden, aunque entendemos que en muchos municipios no se ha podido llevar a cabo esta medida, no por falta de leyes, sino de quien ejecute los ordenamientos que emanan de éstas.
Y es donde quienes se encargan de hacer leyes, desde el Congreso de Tamaulipas, han propiciado una nueva Ley de Transporte, con la idea de que los concesionarios ofrezcan un servicio a la altura de los tamaulipecos. Eso lo asegura el presidente del Congreso del Estado Ramiro Ramos Salinas, quien hace énfasis en la importancia que tiene el aplicar una ley congruente con las necesidades cotidianas de los ciudadanos, y garantice la transportación libre y adecuada para todos nosotros, cuando decidimos hacer uso del transporte público.
La ley considera aspectos tan importantes como la capacitación de esos individuos que hoy conducen y malamente se llaman choferes; se pretende que tengan los conocimientos básicos como conductores, como ciudadanos, y aprendan que no manejan animales ni bultos, sino que su carga son ciudadanos, gente pensante que merece todo el respeto del mundo, y en ellos se debe reflejar un buen reglamento, porque para eso trabajan: para servir.
La modernización del transporte incluye revisiones a las unidades: que no las dejen “caer” y se mantengan en estado confiable y adecuado. Que no sean objeto de asientos desvencijados y cristales rotos o mal polarizados, y que la gense te sienta confiada de subir a una unidad de este tipo.
Ese ordenamiento es lógico y no puede pasar desapercibido, o al menos, eso es lo que desea el usuario de todos los días, el que con sus pocos pesos permite que los peseros lleven pan a su mesa, el que indirectamente les mantiene con sus pagos cada ocasión que usa un transporte público.
Asegura el diputado Ramos Salinas que será en unas semanas cuando esté listo el documento para discutir y aprobar, en su caso, la nueva ley del transporte que considera revisiones de las tarifas, pero avaladas con las de las unidades y choferes para que, en un acto responsable de todos los actores, se pueda contar con un buen servicio, adecuado para todos en todo momento.
Dejar a un lado los ataúdes rodantes en que se han convertido las peseras, y propiciar que la gente se sienta confiada, que tenga forma de garantizar llegar a su casa, escuela o trabajo con la seguridad de que no le matarán en el camino en accidentes producto de una irresponsable conducción u otras causas.
Merecemos tener un buen sistema de transporte público, y en ese sentido el diputado Ramos Salinas hace énfasis al asegurar que los miembros de la comisión correspondiente trabajan para lograrlo.
Esperamos pronto ver los resultados para cristalizar este deseo ciudadano, que es además, un merecido reclamo.
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