Apoyos de medio tiempo

En los últimos días hemos aprendido un poco más sobre los procesos que involucran el proyecto educativo denominado “Escuelas de tiempo completo”, instrumentado por la autoridad mexicana y que, sinceramente, vemos poco o nulo avance en ciertos rubros.
Se dijo que era la idea de tener a los alumnos –nuestros hijos- en la escuela con actividades complementarias y que les permitiría tener revisión de sus tareas. Lo anterior se traducía en que habría menos tareas en casa, aspecto que no ha sido superado por algunos docentes que se resisten a cambiar y siguen con sus métodos arcaicos y obsoletos en la educación, y que como resultante nos han entregado a alumnos incapaces de comprender, tomadores de dictado y memorizadores para evaluaciones posteriores. Solo eso, y lo más importante no ha sido posible fomentarlo.
En el aspecto de las comidas, de todos es sabido que los chicos comen en el plantel, sin embargo, nos enteramos que en muchas escuelas los padres se resisten a hacer frente al compromiso de pagar la comida de sus hijos, pensando quizá que el gobierno está obligado a hacerlo.
Como si nos hubieran obligado a tenerlos.
Hay padres que deben hasta un año del pago de comidas en varias escuelas; los directivos y padres encargados se quejan porque los que sí cumplen están financiando a estos irresponsables que, además de todo, ofendidos con que se les cobre, van a los planteles a insultar y luego a la televisión –típico- para que en una amarillista nota se de difusión a lo que llaman un atropello, sin pensar en los padres que sí pagaron su comida –la de sus hijos- y que no tienen por qué financiar a los nuestros, a los ajenos, pues.
Los profesores temen que les armen escándalos esos irresponsables: saben que sus hijos comen a diario, y exigen que les den la comida pero no colaboran. Hay que entender que los presupuestos oficiales para las escuelas incluyen muchas cosas, pero faltan muchas otras como es la comida, gastos administrativos de luz, teléfono y otras cosas, así como también uniformes y más. No nos mantienen: no es obligación del gobierno mantenernos a través de una escuela.
En algunos casos se ha propuesto que no se les de alimentación a los hijos de estos irresponsables, pero los profesores temen los escándalos. No nos parece justo que se tenga que pagar para que coman hijos de irresponsables.
¿Qué ellos no tienen la culpa? Tampoco la tenemos quienes sí cubrimos las cuotas correspondientes.
Un padre cuestionó a la directora: “maestra, entonces, ¿el gobierno federal o estatal envía subsidios para estos alimentos?”
Recibió un “no” como respuesta, porque había comentado que se exige cumplir al 100 por ciento con el programa de referencia; la respuesta del padre que sí paga fue lógica: “Si no mandan dinero no pueden exigir que les mantengamos a sus hijos”. Así de claro.
El programa tiene su dificultad porque también, consentidores que somos, hemos convertido a nuestros hijos en un manojo de antojos y no dejamos que les den verdura y otros alimentos nutritivos. ¿No se entiende que hay nutriólogos detrás de cada menú?
Es momento de dejar el absurdo paternalismo oficial a un lado y tomar las responsabilidades fundamentales.
Si no podemos dar de comer a nuestros hijos, ¿para qué los traíamos al mundo si no hacen nada? Es el cuestionamiento que nos hacemos muchos padres, y que hemos insistido en que se requiere que no se pierdan tantas clases, lo cual es difícil por donde se vea.
Hay que exigir a estos padres y hacerles ver la importancia de su participación.
Si no pagan… que los echen y no se mantenga a hijos de tramposos, pues.
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