Dicho sea con toda la verdad, y aunque muchos amigos de ellos no quieren reconocerlo públicamente por miedo a fracturar una relación de años, pero van apenas unas horas en que han iniciado las campañas político-electorales y ya no aguantamos las diatribas y verborreas que nos están inyectando por todos los medios posibles.
Vemos, por una parte, candidatos que buscan un escaño en San Lázaro que pretenden convencer a sus electores –como todos- y lo hacen marcando estrategias propias de un movimiento como el que vivimos; otros, sin embargo, han arrancado diciendo mentiras y gritando lo que los paleros quieren escuchar.
Por eso está México como está, sin lugar a dudas.
Es como los productores y directivos televisivos que aceptan el espacio de Laura, aquella peruana que lo único que ha hecho es alimentar rencores, difamar a quien se le ponga enfrente a una dama y prometer ser la mesías del nuevo milenio. Ellos dicen que está al aire porque “es lo que la gente quiere”.
A nadie nos gusta el estiércol, menos el estiércol mediático, y eso hay que puntualizarlo.
Y en las campañas políticas nos cansa escuchar que a los corruptos los meterán a la cárcel, y suponen que se nos ha olvidado el pasado y la forma en que han amasado sus fortunas. No nacimos ayer y tenemos memoria de cómo vivían algunos de ellos y la manea en que viven ahora.
Las promesas que hacen, son lo de siempre, y debemos estar acostumbrados a escuchar a uno que otro que dice lo mismo que sus ancestros, con el mismo sonsonete inclusive, pero que no tiene nada de contenido.
Otros buscan convencer con propuestas más lógicas que rondan en la necesidad de acudir a la Cámara Baja a hacer valer la voz de los tamaulipecos en nuestro caso. A esos, suponemos, habrá que otorgarles el voto de confianza.
También sería prudente pedirles que no hagan las cosas en grupo, porque los mexicanos de cada entidad federativa somos distintos y pensamos diferente, tenemos distintas necesidades y diferentes formas de vida, por lo que necesitamos que los diputados nos representen realmente y procuren el beneficio de la mayoría de los mexicanos, entendiendo que no se pueden hacer leyes a la medida de cada uno de nosotros porque entonces, nunca se acabaría.
Lo que no gusta ya a muchos es el abuso en el discurso que se encuentra pleno de frases de esas que escuchamos cada tres años y no nos cambian el estilo ni la calidad de vida.
Queremos muchos escuchar algo distinto, algo que nos llene de esperanzas, que mucho las necesitamos.
El abanderado priísta Miguel González Salum inició con un recorrido por varias partes de la ciudad, en aras de encontrar el apoyo que le permita ocupar una curul; hizo los recorridos con ciudadanos a quienes escuchó e hizo ofrecimientos que, de llegar a San Lázaro seguramente los veremos cristalizados.
Prácticamente, en los ocho frentes políticos arrancaron los candidatos de todos los partidos: como siempre, unos más que otros y otros más merolicos que prácticos, ofreciendo lo de siempre y que nunca han podido cumplir bajo ninguna circunstancia, y bueno, el problema es que nos están atiborrando de información por todos los medios de comunicación en la que destilan su amargura y baja creatividad para estructurar un spot de radio o televisión: recurren al insulto y a las palabras populacheras estilo “Laura” que, creen, les dejarán votos, porque piensan que los mexicanos no pensamos.
Habrá que seguir muy de cerca las propuestas y la capacidad humana de cada uno de ellos para poder establecer nuestro compromiso electoral en las próximas elecciones. Por lo pronto, ojalá no nos inunden de verborrea que lo único que hace es cansar al virtual votante, es decir, a nosotros, los ciudadanos “de pelito gris”, como diría aquella famosa investigadora de la UNAM.
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