¿Qué quiere el elector?

Definitivamente, los aspirantes a la diputación federal debieran tener una idea clara de qué es lo que quiere la gente de ellos, toda vez que, quien resulte triunfador tendrá al menos –o como máximo- tres años de excelente salario sin mucha exigencia, aunado a una serie de privilegios económicos que ellos mismos se autorizan en forma por demás irracional… e histórica.
En ese sentido, cabe pensar en los llamados “operadores de campaña”, mismos que teóricamente son las personas que tienen conocimientos de la realidad social; no hablemos de la realidad política porque a leguas se nota que se desconoce el tema. Sin embargo, deben ser quienes puedan orientar a los candidatos para presentar una alternativa que convenza.
Ya en estos tiempos que vivimos no convence el gritar como guacamaya que se meterá a los corruptos a la cárcel, o que somos los amigos de tal o cual candidato; no caben populismos ni nada que ya no hayamos escuchado. Las estrategias políticas pareciera que surgen de una filosofía que tiene al menos 40 o 50 años de haber sido desechada… y siguen las mismas cosas.
A nadie convencen, por ejemplo, un grupo de muchachos ondeando banderitas en las esquinas y levantando las pancartas con el nombre del (la) candidato (a), entorpeciendo el tráfico que ya se torna pesado, más con el calor que inicia y trastorna, y poniendo el peligro la integridad física de los muchachitos que por unos pesos pasan el día en el sol, exponiéndose a los problemas que ello implica.
Ya no son tiempos de querer convencer con frases “tiernas” o “perras”: ahora hay que proponer.
¿Qué nos ofrece tal o cual personaje si llega? Eso es lo que los ciudadanos queremos escuchar. Por ejemplo, si nos dijeran qué se pretende hacer con la ley de tránsito y vialidad para que se respete a cabalidad, o si se instrumentarán mecanismos de control y vigilancia para evitar que haya gastos equivocados en las cuentas públicas, si se cambian algunos artículos de la ley de salud para garantizar el derecho a este beneficio de todos los tamaulipecos sin afectar programa alguno.
Queremos que nos digan qué hacer cuando haya necesidad de concursar una obra, y cual será la posición de ellos como representantes nuestros. Queremos que no hablen por su partido o instituto político sino por nosotros, ya que, finalmente, no los ponen los partidos sino nosotros con nuestro voto.
Es muy importante que escuchen a sus ciudadanos y dejen de encerrarse en esas burbujas elaboradas por los “operadores” que se empecinan en seleccionar sus públicos y marginar a muchos representantes de la sociedad, pensando que tienen una absoluta –más absurda que nada- razón para hacer esa selección indiscriminada de tamaulipecos.
Es tiempo que cada uno de ellos valore y piense si es necesario enfrascarse en luchas estériles con sus oponentes buscando descalificar más que proponer. Es tiempo pues, de que se ejerza una actividad olvidada por todos: la política.
No es suficiente con creer que las redes sociales les darán la postulación, y deben reencontrarse con todos los medios existentes para llegar a un público cada vez más exigente.
Deben bajar sus zapatos a la tierra de una calle normal y dejar de pisar esas avenidas sublimes que nada tienen que ver con la realidad.
Nos cansamos de escuchar diatribas, nos lamentamos que no haya propuestas y nos hacemos a la idea de que serán dos meses difíciles en ese sentido, pero no perdemos el entusiasmo y las ganas de apoyar a quien consideramos la persona idónea, sin descalificar a los que también tienen sus razones poderosas, aunque no las compartamos.
Muchos son los candidatos en esta ocasión, pero muchas son las bravatas y los actos sin sentido. Esperamos que las campañas suban de tono, pero sobre todo, de calidad para convencer a un elector cada vez más escéptico.
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