Somos unos convencidos de que el dinero que se destina a campañas políticas está mal destinado, y que la publicidad significa tirar dinero en una causa que no tenemos por qué pagar los mexicanos.
Espectaculares, folletos, volantes y más son vistos a diario en todo el país y no pasa nada: la gente vota por los de siempre aunque en ocasiones demuestra que está viva y vota por otras opciones.
Todos, absolutamente todos tenemos simpatía hacia una persona para ocupar la diputación de nuestro distrito; a pesar de nuestra supuesta imparcialidad, tenemos una persona favorita, y la ley nos permite hacerlo. Lo que no se vale es hacer proselitismo en cauces no considerados por la ley.
Pero de ahí a que se cometan crímenes que la autoridad no tiene la capacidad de enfrentar, castigar y evitar, es otra cosa.
No entendemos la forma en que en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y otros sitios del país se permite tal grado de delincuencia en grupos que, supuestamente, representan a grupos de trabajadores e la educación.
Perdonen los simpatizantes, pero en Guerrero lo que sucedió con la vandalización de las oficinas del Partido Acción Nacional, o la quita de publicidad en Oaxaca, no dejan de ser provocaciones auspiciadas y solapadas por autoridades federales y locales. En Chiapas, exigen plazas y destruyen.
No es posible que les permitan a ese grupo de holgazanes y vividores, agitadores y delincuentes robar y destruir todo lo que se les atraviesa en Chiapas no quieren presentar examen de oposición: quieren una plaza pese a su incapacidad para dar clases. De otra forma n se explicaría su resistencia a ser evaluados.
Pero, insistimos, lo más grave es que la autoridad permita este tipo de actos. Dañan a terceros, inclusive a los partidos políticos que no son santo de nuestra devoción por su papel tan gris en el contexto nacional. Nadie tiene derecho a destruir sus bienes, así de claro y sencillo: nadie.
Si realmente tuviéramos autoridad, exigiríamos el cumplimiento de las leyes que se violan en todo momento y en todas partes. No es posible vivir ajenos a un estado de derecho donde bajo el pretexto de “conciliar” se permite que delincuentes hagan de las suyas.
Cada objeto que destruyen estos vividores es parte de nuestros impuestos. No tienen derecho a hacerlo. Queremos pensar qué sucede si usted entra al palacio de Gobierno y se roba un lápiz o una pluma: lo detienen y juzgan.
Y a estos haraganes nadie les dice nada: les solapan por un estúpido miedo a que sigan haciendo de las suyas.
Por eso está el país como está: ajeno a la autoridad y el estado de derecho, y con la sentencia de vivir agarrado a estos delincuentes que rompen, violan, vejan y más, que no respetan nada y exigen todo.
Si yo asistiera a un acto de campaña, exigiría al candidato de cualquier partido la propuesta de hacer respetar las leyes: que no hubiera autos chocolates, que no se permita a delincuentes, bajo el pretexto de manifestarse libremente, robar y destruir, que no se de cabida a holgazanes en las plazas magisteriales, que se respete el derecho a la salud y más, pero lo más importante: les exigiría que se comportaran como verdadera autoridad.
Ya es hora de poner orden en un país convulsionado y fracturado, sin elmenor dejo de autoridad y que exige y necesita orden en todos sentidos.
De qué sirve pagar impuestos si no vemos que la autoridad funja como tal, o si no hay orden en la nación.
No puede la autoridad exigirnos pagar impuestos cuando vemos que no funcionan las cosas. Lo visto a diario en televisión insulta, ofende, enoja, enca… no es posible seguir así. Deben poner un “hasta aquí” cuanto antes, porque el país está a punto de salirse de control, y entonces, entonces no sabremos que irá a suceder . . .
México necesita gobiernos que actúen como tales, por favor. Y que no haya represalias también.