Alfonso Buenfild y el periodismo

Uno de los pioneros de la televisión en Ciudad Victoria y parte de Tamaulipas ha partido en el viaje eterno: don Alfonso Buenfild De la Peña nos ha dejado para descansar en paz, luego de una muy fructífera existencia y aspectos físicos que con la edad se fueron complicando.
El “viejo” Buenfild fue vecino nuestro por muchos años, y gozamos de su especial amistad también por mucho tiempo, lo que nos llevó a colaborar con él en la televisión local: el equipo de trabajo que conformamos en aquel entonces la maestra Cuquis Garza, Reyna Luna y el columnista nos hizo ser un noticiario con mucha presencia, a grado tal que presumimos durante un buen tiempo que algunos colegas se alimentaban de nuestro trabajo periodístico, ya que al mediodía presentábamos lo más impactante de la nota del estado de Tamaulipas.
Con don Alfonso nace también la sección “aeropuerto”, cuya rúbrica rezaba: “desde el aeropuerto El Petaqueño, informó Carlos Santamaría Ochoa”, en los pininos que hicimos para incursionar en la llamada pantalla chica o “ aja idiota”, de acuerdo a las experiencias de la empresa que es el monstruo nacional y se ha dedicado a asociar el pésimo trabajo de los medios de comunicación con el sensacionalismo y el negocio turbio.
Buenfild De la Peña era nuestro director de noticias y nos exigía noticias no comunes, que otros colegas no tuvieran en su agenda por ningún motivo: eran los tiempos en que procuramos una información veraz y oportuna con la magia de esa televisión que hoy en día se ha diversificado en la ciudad y se presenta a través de Televisa, Multimedios, TV Azteca y Cablevisión con su Canal 10. Antes, éramos pioneros, y además, está mal decirlo, pero éramos la opción número uno en información electrónica.
Padre de dos periodistas –Mario Alberto y Early Beau- dos grandes, muy grandes amigos: el primero, profesor –de los buenos realmente- en la ex facultad de Derecho, en la materia de periodismo, y el segundo, encargado de asuntos oficiales de prensa por tres sexenios en el estado de Tamaulipas, hasta que su destino lo selló en la capital del país. También, abuelo de un sinnúmero de herederos, todos amigos, gente buena y noble que, seguramente, succionaron del abuelo la sangre ligera y el talento para hacer negocios.
No podemos olvidar esas llegadas antes de las 7 de la mañana de don Alfonso a la redacción, para que, cuando llegásemos nosotros, había checado ya la prensa local y algo de la nacional y nos giraba instrucciones para hacer brillar nuestro trabajo, que en ese tiempo –repetimos- tuvo un reconocmiento social muy importante.
De la Peña, así le decía Mario Alberto cuando compartían profesión y Mario combinaba su función en el IMSS con la prensa y la docencia que sigue abrazando hoy en día con el talento que pocos profesores de la carrera tienen. De la Peña gritaba mucho para exigir exclusividad y noticias bien comprobadas como marcan los cánones del periodismo real y activo, el que la gente siempre quiere escuchar y nada tiene que ver con el amarillista que vemos en la tele todos los días.
Con Early compartimos compromisos oficiales dentro de nuestra especialidad y gozamos de esa gran amistad que hoy persiste; con otros de sus hijos también: Pilar, Oliver… la familia que nos entregó esos sentimientos valiosos durante años significativos en nuestra existencia y formación profesional.
Últimamente, don Alfonso radicaba prácticamente en Reynosa, donde vió la última luz de su existencia, y a donde se ha trasladado su familia para acompañarle en los momentos en que las remembranzas llegan a cada uno de nosotros, y comenzamos a extrañar al amigo, al jefe, al periodista, al colega, al comunicador que se ha adelantado en ese viaje eterno, y que, seguramente, donde se encuentre, estará pensando en una innovación para difundir la información de la que tenga acceso.
Descansa en paz, Alfonso Buenfild De la Peña, que tus amigos te vamos a extrañar, y mucho.
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