Asignatura pendiente

Si usted fuera el encargado de revisar y cambiar el programa educativo en nuestro país, México, ¿Qué agregaría o quitaría?
Mucho se habla de materias que en etapa formativa tienen poca relevancia: los mu hachos de preparatoria se quejan, por ejemplo de álgebra y algunas de números. Otros, sin embargo, prefieren guardar sus quejas para las que tienen que ver con la redacción y el buen hablar y escribir, motivo por el que, suponemos, tiene que ver el que en redes sociales y trabajos de todo nivel encontremos terribles fallas en la ortografía.
Entonces, nos queda suponer que se debe mantener un criterio en el que se valga tener un poco de todo, pero dando prioridad a la parte de la expresión de nuestro lenguaje, aunque hay otra asignatura pendiente, muy pendiente en el sistema educativo, y que se distorsiona en demasía dentro del nivel superior: la honestidad.
No existe una honestidad tal que nos permita decir a la gente que debe ser limpia y recta: criticamos a un gobierno de cualquier nivel porque entendemos que todos son corruptos y ladrones; a los diputados, no se diga: de haraganes y vividores no los bajamos, que para ser honestos, tiene mucho de cierto. Pero el caso es que descalificamos todo y a todos, sin pensar en lo que hemos hecho o dejado de hacer.
No crea el lector que es una queja amarga sin fundamento, pero el plagio de material científico o, pudiéramos decir “semi-científico” debería castigarse con una prohibición o inhabilitación de por vida para aquellos vividores que, adornándose como autores de trabajos científicos y ponencias, acuden a congresos y eventos nacionales e internacionales presumiendo el esfuerzo de sus muchachos, sin siquiera darles el mérito correspondiente.
Pudieron haber sido honestos y decir: “Mira, Juan, tomaré tu trabajo, lo revisaré y compondré, le meteré estilo y lo formaremos entre ambos para presentarlo o publicarlo”; al menos, los jóvenes entenderían que no son robados en su creación de investigadores y que, como son noveles, se presta mucho a quedarse callados a cambio de una buena nota en el año escolar.
Lo triste es que se da en todos los niveles, y algunos vividores contabilizan ocho y hasta diez trabajos por año en materia de investigación. Quienes hemos incursionado en este apasionante mundo nos preguntamos a qué hora hacen su trabajo de investigación, cuando se requiere de mucho tiempo para obtener información, hacer uno a uno los pasos correspondientes, redactar, revisar y enviar.
Nadie que se jacte de ser honesto puede hacer muchas investigaciones, por más que se dedique todo el año.
O vemos, por ejemplo, “investigaciones” sobre el número de veces que cambia un semáforo en el ocho Carrera…
Y esa materia que debiéramos instituir en nuestros estudiantes desde nivel primario hasta superior y posgrado es la honestidad, la probidad, la lealtad a nuestros muchachos, y no permitirnos robar su esfuerzo y firmarlo como propio, porque nada hay más deshonesto que lo anterior, o al menos, así lo vemos y sentimos.
Es vil, vulgar, rastrero… corriente y más.
Seguramente habrá algunos puritanos que condenen el comentario porque sienten que el obtener grados máximos de posgrado les otorga el derecho de “investigar” sin hacerlo y de plagiar a sus estudiantes. En México debieran castigarlos, quitarles el grado obtenido aquí o en el extranjero, aislarlos y no darles oportunidad de torcer a más generaciones, que urge se les haga ver a los chicos que su esfuerzo, desde muy pequeños, es tan importante como el más reconocido de los investigadores.
Tiempo es que seamos justos. Si no enseñamos con el ejemplo a ser honestos, entonces, ¿Qué estamos haciendo en las universidades y aulas? ¿A dónde llevamos a nuestros estudiantes? ¿Dónde está el compromiso con la educación?
Mucho es lo que nos tenemos que preguntar… y responder en forma acertada.
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