Bien dice la Biblia en alguno de sus mandamientos, aquellos que Moisés instituyó para la fe cristiana: “no levantarás falso testimonio”. Suponemos que el ateísmo es una costumbre dentro de la clase política, más, cuando se tiene una campaña de por medio.
Hemos visto e todo a través de las redes sociales respecto a lo que se plantea un candidato y su instituto político: descalificaciones, propuestas y triunfalismos absurdos como los que vimos de cierto personaje fronterizo, caracterizado por su voracidad cuando fue alcalde y cuando fue diputado federal, o como el que nos ocupa en estos días aquí en la capital tamaulipeca.
La lucha se ha centrado en dos candidatos, y uno de ellos aspira seriamente a hacer bien las cosas, sabiendo que puede obtener cómodamente el triunfo, porque lo respalda su pasado y su instituto político. El otro, apuesta a lo pasado y hace campaña pensando más que en la diputación, en la postulación para 2016, porque quiere ser gobernador, y eso lo saben sus amigos cercanos y no tanto.
De los demás, podemos decir que la dama del blanquiazul sigue trabajando con mucho entusiasmo, pero ha prendido poco en el ánimo de la ciudadanía.
Y dentro de las estrategias de campaña, como suele suceder, se encuentra la diatriba, la mentira, el error propiciado por malas mentes y no la denuncia de hechos ilícitos. Eso no sucede, no en México donde difamar e insultar parece que es lo más normal, y además, lo que nunca se castigará ante lo pusilánime de una autoridad que no sabe como hacerlo.
Vemos esas fotografías donde se culpa a un partido de repartir despensas con tres o cuatro artículos y un billete dentro, cuando muchas veces no saben de la existencia de ese recurso, porque son “fabricados” por una oposición que busca desprestigiar a quien triunfa, pero a ase de mentiras y no de demandas congruentes como las que se han aplicado a un instituto –PVEM- que no entiende las reglas y no sabe jugar limpio, además, que está a punto de perder e registro ante el nivel mostrado de tozudez y otra cosa más.
También es muy común crear un perfil con el nombre que se le ocurra; luego hay que llenarlo de fotos y recortes, aprender el arte del insulto y la mentira y llevarlos a la práctica, poniendo fotos en el polo norte o sepa usted donde, pero que tienen el objetivo de hacer la vida imposible a los demás. Sigue mentir, difamar, exagerar y esas cosas que se nos dan a los amargados muy bien. Quien no cuente con esa postura, pase al siguiente ítem.
Les acreditamos muchas cosas y declaraciones, visitas a no sabemos qué partes y más, pero algunos son tan torpes, ¡pero tan torpes! Que se desenmascaran solos y quedan como mentirosos y poco capaces de hacer una campaña de altura, donde gane realmente el mejor, independientemente de cual sea el resultado.
Suponemos que los candidatos Miguel González Salum y Alejandro Guevara Cobos van que vuelan a un triunfo que nadie les está regalando. Obvio: ya comenzaron a quejarse los pequeños, y su complejo de que todos les vigilan todo lo que hacen o dejan de hacer.
Pero el problema es que no hay veracidad en la información ni firma de obtenerla: si son identidades falsas, ¿a dónde se puede quejar uno? Si l ley obstruye cosas y ellos insisten en aparecer poco transparentes, nos preguntamos qué haría la ley en ese sentido.
Nada fácil la causa, a decir verdad.
No nos dejemos llevar por estas supuestas denuncias: nadie en el PRI, no en Tamaulipas, ha llevado a cabo esas acciones tan bajas que nos publican y que nos da mucho coraje, porque finalmente, quienes tenemos que vivir bien somos nosotros, no ellos.
Déjese de cosas y gane un puesto en base a su esfuerzo, pero demuéstreselo que le pesa o le importan más los demás. Déjelos. Usted, contento con lo que tiene y busque más, pero primero hay que merecerlo.