Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Guadalupe Flores, de 49 años, fue deportado de Estados Unidos hace una semana al cruzar el río Bravo por Mc Allen, Texas, luego de pagar a un patero mil 600 dólares, quien lo llevaría a una casa de seguridad, pero decidió seguir su travesía hacia Atlanta, Georgia, por Nuevo Laredo, hasta que el domingo 7 de junio fue detenido por elementos de la Patrulla Fronteriza en el llamado ‘Check Point’ de la milla 13.
De oficio es jornalero, y aunque no le faltaba el trabajo en su natal Santiago Teotongo, Oaxaca, la paga es insuficiente para mantener una familia de cinco hijas, por lo que decidió aventurarse en busca del llamado ‘sueño americano’ el que ya disfrutó hace varios años, trabajando en un lugar de Atlanta, en Georgia.
“La situación es muy crítica porque tengo que alimentar a cinco hijas en edad escolar, y tengo trabajo pero el sueldo no me alcanza”, explica.
En aquella ciudad ya estuvo hace tres años, cuando cruzó por vez primera la frontera, en donde dice que cuenta con un trabajo seguro y amigos, y aunque vivía con su familia, ésta decidió retornar a México, razón que le obligó también regresar por un tiempo a México desde el año 2004.
Once años pasaron para que decidiera cruzar por segunda ocasión la frontera, pero se dio cuenta que cruzarla ya no es tan fácil.
“Antes era menos la vigilancia y pagábamos menos a los pateros para cruzar, y si nos detenían nos deportaban de inmediato, pero ahora ya no es igual, porque estuve preso tres días encerrado en Laredo, en donde las celdas estaban llenas de puro mexicano”, relata.
Eran cerca de 30 los mexicanos, y entre ellos algunos centroamericanos, cuando fue deportado por el puente internacional II, y aunque en esta ocasión cruzar fue muy duro para Guadalupe, lo volverá a intentar porque de ello depende el bienestar de su familia.
“Lo volveré a intentar, y primero Dios lo lograré, no voy a regresar a mi tierra porque quiero hacer otro intento, pero si no puedo cuando menos lo habré intentado”, expresa.
Los días que lleva en esta ciudad desde que fue deportado, los pasa en la casa del Migrante, en donde recibe alojo y alimento, pero solo por unos días, ya que el cupo es limitado y tiene que intentar cruzar otra vez el río Bravo.
Si no lo logra, regresará
Ante las dificultades que ahora enfrentará en su nuevo intento, dice que no es recomendable para otros mexicanos que deseen ir a Estados Unidos como indocumentados, y que mejor se queden en sus lugares de origen luchando por que mejore su situación.
“Que se queden en sus casas con sus familias. No hay nada mejor que estar con la familia, y no le recomiendo a nadie que pase penalidades como las que he pasado, porque desde que uno parte de la casa y se aleja de su familia, hay muchos riesgos y son gastos que nos endeudan, y las deudas aumentan a cada momento”, señala.
De los peligros que existen en el trayecto a la frontera norte del país, menciona Guadalupe que es para pensarse, pero como gente de fe que dice es, se encomienda a Dios porque de lo que logre dependerá el bienestar de su familia, “y eso es lo único que les puedo dar a mis hijas, porque no somos gente de dinero y tampoco somos delincuentes, ya que nuestro único afán es ir a trabajar, y con nuestro trabajo le favorecemos al americano”, precisa.
Pero está consciente de que en Estados Unidos se tiene que respetar su Ley, aunque menciona que miles de mexicanos salen del país, “porque el gobierno de México no hace nada por nosotros, y sabemos que México no es un país pobre, tiene muchas riquezas que nos puede permitir tener una mejor vida, pero solo si los gobiernos así lo desean, pero desgraciadamente desde allá (el gobierno) viene nuestra desgracia para los mexicanos, porque los gobiernos nos dejan en el olvido, y por eso buscamos mejor vida en Estados Unidos, aun a costa de nuestras vidas”, explica.
Para este migrante apenas va la mitad del camino, pero está consciente de que los peligros seguirán en su peregrinar, si logra evadir la vigilancia cuando cruce el río Bravo, pero si no lo logra está dispuesto a retornar a Santiago Teotongo, Oaxaca, en la región mixteca de la sierra, para seguir luchando por sacar adelante a su familia.
Guadalupe forma parte de ese ejército de 11 mil 914 mexicanos que en este año fueron deportados de estados Unidos por buscar un mejor nivel de vida en un país ajeno al suyo, y al igual que la mitad de los que ya lo intentaron, dejó su hogar y a sus hijos con la promesa de regresar por ellos.