Comunicación en luto

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Seguramente la gran mayoría de medios de comunicación del mundo, sobre todo de habla hispana, están dedicando sus titulares y grandes espacios para anunciar la muerte del periodista mexicano Jacobo Zabludovsky Kraveski.
Zabludovsky falleció la madrugada de ayer jueves a los 87 años de edad y aunque grande edad, siempre estuvo lúcido y en las últimas décadas, refugiado al micrófono de la radio, donde inició en el mundo de la información en 1946.
El sensible fallecimiento se dio en la ciudad de México, en un hospital privado donde había ingresado por una deshidratación de la presumiblemente estaba mejorando, aunque finalmente, calló en el sueño sin retorno a eso de las 02:00 del jueves.
A nombre de la familia y como jefe del información del periodista mexicano, Arturo Corona, dio los pormenores de su muerte y fue a la empresa TELEVISA quien recibió la premisa sobre la muerte del periodista.
Contrario a la tradición mexicana sobre velar el cadáver una noche para que la familia cercana reciba las condolencias de amigos, compañeros de oficina y demás familia –incluso del público- , el funeral se llevó a cabo ayer mismo bajo el esquema judío y a la una de la tarde, fue sepultado.
Jacobo, como lo identifica la mayoría de los mexicanos y en aquellos países donde llegó el producto de su trabajo, lo reconoció como un maestro de la comunicación en la radio y en la televisión.
Muchas amas de casa hicieron popular aquello de que “Me acuesto con Jacobo y me levanto con Guillermo” en clara alusión a los dos noticieros más importantes de esas décadas en TELEVISA.
Básicamente los mexicanos conocimos a Zabludovsky, como el pionero de los noticieros televisivos, particularmente por su programa 24 horas, que se mantuvo cerca de 27 años al aire.
Otro de los programas que impulsó Jacobo en TV, fue el enfocado a las noticias de todo el mundo, titulado ECO, cuya característica fue su transmisión durante las 24 horas del día y con una muy amplia cobertura, mucho antes de que internet surgiera a la vida comercial.
Las vivencias periodísticas de Jacoblo Zabludovsky fueron inigualables, porque lo mismo entrevistó a magnates de la política nacional que a los grandes personajes de la política internacional del momento
También el mundo de los artistas fue su pasión, porque su micrófono y muchas veces sus cámaras le llevaron por escenarios, del cine, del teatro, de la misma TV y hasta de las carpas populares
Jacobo Zabludovsky también obtuvo entrevistas de todos los géneros, incluyendo a premios nóveles o a triunfadores de la estatuilla conocida como el “Oscar”, “El rícipe de Asturias”, “Cannes”, etc.
Jacobo también incursionó en cuestiones deportivas y desde luego, su gran pasión fue la fiesta taurina de donde obtuvo excelentes las notas y mantuvo amistad con grandes espadas, tanto mexicanos como españoles y de otros países.
La tacha popular para Jacobo Zabludovsky sin duda fue el ocultar la verdad obvia y los mexicanos principalmente le reprocharon su silencio y los intentos de distorsión de la verdad el dos de octubre de 1968, con la matanza del 2 de octubre, en Tlatelolco, D. F.
La reprobación segunda que los mexicanos hicimos para el periodista nacido en el populoso y paupérrimo barrio de la Merced, en la ciudad de México, fue el cómplice silencio de la matanza estudiantil por el gobierno presidencial de Luis Echeverría Álvarez, con Mario Moya Palencia en la Secretaría de Gobernación y como Jefe del Departamento del DF o regente de la Ciudad de México, Alfonso Martínez Domínguez.
Vale decir que Zabludovsky tenía claros sus propios límites como periodista y conductor del noticiero más importante de la televisión mexicana. Pero siempre ponía en relieve: “hacía lo que se podía” en el momento que le tocó vivir.
En una entrevista con el Periódico Reforma, habló de todo un poco, empezando por la “intervención” del gobierno en los contenidos de su programa: “Llegaban a la petición, a la orden para influir en determinadas informaciones”
También aceptó que el margen de maniobra del periodista siempre es muy limitado. En aquellos tiempos era un problema relacionado a la situación del país, con un presidencialismo concentrado, con absoluta hegemonía del PRI.
“Había una identificación entre las intenciones de las empresas y las políticas del gobierno, lo cual se reflejaba dentro de las televisoras o la radio. Había también empresarios, como nuestro director Emilio Azcárraga, que se declaró soldado del Presidente y priísta y esto se reflejaba dentro.” Expresó Zabludovsky.
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