Equidad para todos

Mucho se habla del término que algunas personas pusieron de moda y que tiene que ver con la llamada “equidad de género”, sin embargo, como suele suceder, siempre hay una parte que no quiere ver los derechos de los demás, pensando en forma un poco egoísta –o un mucho- sobre su causa y dejando a un lado las inquietudes y derechos de los demás.
Nada que ver, pero sivra el ejemplo de los taxistas del Distrito Federal y su tozudez en eliminar a quienes a través de aplicaciones de smartphones hacen un negocio lícito, transportando a gente dispuesta a pagar un poco más.
Alegan que es injusto porque les quita clientes, pero no hacen nada por mejorar sus unidades, el trato y evitar los abusos que cometen a diario, es decir, solo ven su parte, la que a ellos conviene, no la de los usuarios o de otros mexicanos que desean hacer también un negocio para subsistir.
Ya el Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional en Tamaulipas, Víctor Emmanuel Díaz Palacios dijo que habrá equidad en la distribución de fórmulas, asegurando que habrá once para diputadas locales y 21 para alcaldesas.
Sin apasionamientos, pero ¿será posible que se cumpla con una equidad justa?
Imaginemos qué sucedería en un sitio en donde el hombre o la mujer tengan un papel protagónico mínimo, donde no junten ya no digamos el 50, sino el 20 o 30 por ciento de los participantes. Sentimos que no sería justo llenar las boletas y solicitudes de candidatos sin méritos, sean del género que sean, solamente por cumplir con una cuota de género.
México y Tamaulipas no están para cuotas de esta naturaleza: estamos en la entidad y el país para exigir gobiernos limpios, justos, que respondan a las expectativas ciudadanas y que no nieguen la oportunidad de desarrollo a ningún grupo social, sea de jóvenes, ancianos, niños, adultos varones o adultos mujeres: todos tenemos el mismo derecho y las mismas oportunidades, obligaciones y tiempos en la vida, por lo que insistir en nombramientos equitativos nos parece un discurso muy mal logrado.
Recuérdese que sucedió este fin de semana en Chiapas, donde a exigencia de autoridades electorales se hicieron ajustes en las listas, y vemos con profunda tristeza que quienes ocupan el cargo en lugar de los mayoritarios varones son sus esposas, hermanas o familiares cercanas, es decir, se repite el fenómeno de las “Juanitas”, y que no es más que puro fraude, engaño o como se quiera ver y como se quiera soportar.
Al fin que en México nadie se queja ni dice nada.
Todos tenemos algún familiar que incursiona en el medio político y no quiere decir que todos en la familia seamos buenos políticos por cuestiones genéticas, ni todos seremos buenos futbolistas, arquitectos o abogados: cada quien tiene su vocación y es justo respetarla, pero entonces, exigir que todo mundo tenga las mismas oportunidades.
Sabemos que en el tema nunca nos pondríamos de acuerdo, porque realmente es difícil entender y darse a entender: la gente se apasiona y unos consideran, con apasionado tono, que es justo lo que se piensa, aunque otros u otras supondrán que es un abuso pensar de esa manera.
El asunto es que tenemos que buscar los mejores en cada cargo de elección popular, o digamos: imagine el lector que los municipios, en orden alfabético, en nones son para mujeres y pares para varones, según una lista, digamos, del PAN, y si el PRI lo hace al revés –mujeres, pares y varones los nones- y se cruzan los resultados habiendo sido electos 35 varones y 8 mujeres, ¿se repetirá la elección?
Finalmente, la gente es la que decide quien deberá gobernar o ser representante popular, y no un decreto hecho en oficinas sin conocimiento de la población y su entorno social.