Cierto: falta un año aún, pero quienes tienen la responsabilidad de ejercer su función como diputados locales preparan un cierre de actividades que ocupe registros positivos dentro del devenir legislativo tamaulipeco. Es de todos sabido que la actual legislatura ha roto paradigmas en muchos sentidos, y en otros ha logrado avances significativos.
No podemos dejar de reconocer que hay interés en cambiar la opinión generalizada que se tiene de los diputados en el país y varios sitios del orbe, a quienes se considera como un apéndice del sistema de gobierno en cuestión, o de ser un grupo de personas con insultantes e injustos salarios, que no devengan ni una mínima parte, dejando a otros la responsabilidad de salvaguardar los intereses ciudadanos.
No podemos reconocer en nuestros legisladores un cambio total y sustancial en el sentido de poder asegurar que se cuenta con un grupo de ciudadanos fuera de serie, pero sí es justo afirmar que dentro de la actual legislatura se ha logrado un cambio importante.
El presidente del Congreso, Ramiro Ramos Salinas se propuso al inicio de la legislatura hacer un cambio en las actividades que repercuta directamente en beneficio de los representados –usted y nosotros- y puso a funcionar una maquinaria de interesados en cambiar el Tamaulipas que tenemos hoy en día.
Siempre, en todo grupo, hay quien se queda rezagado porque no le interesa avanzar ni el progreso ni servir a los demás; de esos hemos tenido muchos, y la historia se ha encargado de señalarlos y marginarlos para otras oportunidades de servir o de gobernar.
La gente hoy en día piensa más, analiza y juzga con mayor severidad o benevolencia, de acuerdo a lo que recibe de parte de estos personajes.
De ahí la importancia de poder establecer un mecanismo que permita evaluar a los diputados, y algunos de ellos, como suele suceder, seguramente buscarán las candidaturas a una alcaldía y a la misma gubernatura en 2016, año en que Tamaulipas mostrará su avance electoral y su cultura cívica, al organizar el proceso de sucesión estatal, municipal y legislativa.
Para ello, insistimos en que muchos de los que hoy ocupan alguna curul se preparan para contender en sus respectivos institutos políticos. Seguramente , unos tendrán oportunidad de llegar, y otros definitivamente no correrán con la misma suerte, producto de lo que hayan realizado con anterioridad en su carrera política.
Siempre habrá buenos y malos, como en cualquier película, cuento o historia.
Ramiro Ramos Salinas ha tenido una buena gestión porque le gusta la política, porque ha tomado la experiencia de sus anteriores cargos, y dicho sea con todas sus letras, porque quiere ser gobernador de Tamaulipas, a diferencia de muchos otros que lo ocultan y tratan de manejarse en forma poco clara.
El trabajo de Ramiro Ramos es tan válido como el de cualquiera que pretende llegar a ocupar el cargo de mayor importancia política en Tamaulipas, y entre muchas otras cosas ha mostrado su capacidad para dirigir y conformar un buen grupo de servidores del pueblo, y que hoy en día lo forman los legisladores que tenemos trabajando en el Congreso; los hay de todos los partidos, porque una cosa ha salido a relucir y es la forma en que se han logrado despojar de sus inadecuadas posturas partidistas, tratando de actuar en bien de los ciudadanos y no de los partidos políticos.
Ha cambiado la actitud y eso lo sabemos todos.
Ahora viene la parte importante: un buen cierre de actividades en el que se espera sigan aprobando leyes que se necesitaban cambiar, decretos y gestiones que la ciudadanía reclama para sí, y que están en manos de ese grupo de legisladores, los que están labrando su próximo escalón político, y para ello necesitan el visto bueno del ciudadano común un corriente, del que con su credencial de elector valida su accionar en el cargo inmediato anterior.
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