El tremendo calor existente en la ciudad nos hace pensar muchas cosas, aunado a la necesidad de hidratarse en exceso por lo mismo: sudamos de más y la deshidratación puede jugarnos malas pasadas.
Pero también seguramente se habrá dado cuenta que los accidentes de tránsito se han incrementado, y eso lo vemos sin recurrir a las estadísticas oficiales: hay mucha gente que ha tenido problemas de vialidad principalmente, y lo sabemos, por el excesivo uso de teléfonos móviles.
Indigna y cala der que alguien trabaja para comprar una camioneta de lujo o un buen automóvil a su esposa o hijos, para que éstos y ésta, en una actitud reprobable, circulen con toda la prepotencia característica de ese perfil de conductoras: jóvenes o no tanto, distraídas, engreídas y con la idea de que el mundo les debe porque tienen un esposo con recursos; circulan sin precaución, no tienen idea de lo que es el reglamento de tránsito y no respetan la vialidad ni los semáforos.
Chocan y todo lo arreglan con un telefonema a su esposo para que éste se haga cargo de los gastos que, muchas veces, son multimillonarios, o sea, elevados hasta el choque.
En las escuelas siguen los problemas: las autoridades educativas no pueden ante la irresponsable actitud y agresividad de los padres que, llegamos y queremos estacionarnos en la misma puerta de la institución, y que nuestro hijo adivine el tiempo exacto para que no esperemos.
La tolerancia sigue de vacaciones.
No entendemos que haya el nivel de irresponsabilidad al conducir. Bo entendemos que vemos en un “monstruo” de fierros y que se puede convertir en un ataúd para nosotros y para más gente, que puede destruir hogares y más.
Y dejamos todo a un alcalde, un agente o un maestro. No. No va por ahí, y debemos considerar las posibilidades que hay que desarrollar para poder avanzar como sociedad.
No es congruente, no es natural el que enviemos a los hijos a la escuela y no podamos entender que existen normas, reglas y lineamientos para compartir una ciudad o un territorio en el que todos somos partícipes y responsables, pero que todos también tenemos que respetar… para gozar.
Pensamos que es tiempo de dejar esos sentimientos y actitudes, porque nos afecta a muchos, a casi todos; una calle bloqueada por irresponsables al volente nos afecta a los que tenemos otros asuntos que atender y queremos ir a cumplir con nuestros compromisos y no podemos porque hay una persona sin criterio ni entendimiento para dejarnos circular libremente, que es el derecho de todos.
Debemos hacer el trabajo que nos toca a cada quien desde su trinchera: autoridades municipales, de tránsito, educativas y familiares, en el buen sentido: que todos podamos hacer algo por mejorar, y que perdamos el coraje o flojera y apatía y caminemos la cuadra o metros necesarios para recoger a los hijos.
Que no estemos histéricos esperándoles en la puerta de la escuela. Nos ha tocado ver que gente falta al respeto a los agentes comisionados, o a los profesores que tienen como misión el que la calle permanezca desahogada.
Por favor, cuando entreguemos las llaves de un vehículo a un hijo o pareja, hay que hacerlo con responsabilidad: no porque nuestra pareja tenga una camioneta o automóvil de lujo será más o menos importante: los fierros no proporcionan estatus, sino la calidad en su forma de conducirse, es decir, en su educación que proviene de casa y se ha fortalecido con una adecuada formación.
Cambiemos el chip0, propiciemos que haya menos accidentes. Cuestan muchas vidas y muchos millones, así que, manos a la obra para que nuestra ciudad pueda ser ejemplo en ese sentido vial, y que no necesitemos de los agentes viales para respetar una ley que no debe infringirse. Así de claro, llano y exacto.
No demos auto a quien es irresponsable, sea quien sea. Si sucede algo, hagámonos cargo totalmente.
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