Fue a través de un mensaje del buen amigo Demetrio Avila, gente del teatro de toda la vida: “Altair Murió”, decía, y con esas dos palabras dijo más que cualquier emisario de malas noticias, aunque bueno, hay que pensar que no todo es malo en esta vida.
Hablar de su currícula impresionante no tiene sentido: todo mundo la conoce, porque fue una de las grandes de la dramaturgia tamaulipeca: Altair Tejeda de Tamez deja un impresionante legado cultural, y una escuela en los que tuvimos la fortuna de conocerle, aprender de ella y trabajar con y por ella.
Es de esos personajes tamaulipecos que ingresan a la inmortalidad por la puerta principal. Fue distinguida por el Congreso tamaulipeco con el reconocimiento al mérito ciudadano y muchas otras cosas más: todo lo logró, pero lo más importante fue y ha sido el trascender en la mente y trabajo literario de muchos que quisimos cuidar su trayectoria y unirnos a ella como una parte fundamental.
Con Altair se encuentran en la inmortalidad distinguidos tamaulipecos: Américo Villarreal Guerra, Amalia González Caballero de Castillo Ledón, Carlos Adrián Avilés Bortolussi, Xavier Cázares Perales, Pedro Banda, Norberto Treviño Zapata, Eugenio Hernández Balboa, y grandes nombres que dieron y siguen dando brillo a nuestro lastimado estado de Tamaulipas.
Creadora de textos para obras de arte, comedia y cuento, poesía y un empuje para promover la cultura le hicieron ser lo que estuvo viviendo durante su pródiga existencia, compartiendo su inolvidable sonrisa acompañada de esa mirada cubierta por sus gruesos lentes, pero con la brillantez de quien espera entender algo nuevo para describirlo a través de esa pasión: la literatura tamaulipeca,
Tuve la maravillosa oportunidad de compartir unos pocos años de trabajo con la maestra Altair Tejeda de Tamez, cuando pertenecíamos al equipo de trabjadores de la cultura, y donde supimos aprender de ella muchas, pero muchas cosas, principalmente, su alto valor humano que le llevó a ser lo que hoy en día se añora, se piensa y se cree, pero no es puede tocar.
Realmente nos ha sorprendido la noticia que publicó Demetrio, sin embargo, todos tenemos el mismo camino, nos guste o no, y tarde o temprano tendremos una cita con el Creador, aunque el caso de Altair es distinto: no solo ha ido con el creador, sino ha cumplido a partir de este momento su cita con la inmortalidad, porque quien se constituye como un baluarte en la creación cultuiral de un estado como el nuestro, merece algo más que un reconocimiento:
Merece ser considerado y estimado por su alto valor social.
Es el caso de Altair.
Tristeza: sí, porque no podremos compartir con la maestra una charla así, pero satisfacción al saber que su vida fue prolífica y entregada a la sociedad tamaulipeca, donde vivió siempre. Entregando lo mejor de sí.
Varios libros y obras teatrales validan su estancia dentro de los programas de escritores de Tamaulipas, porque se comparten sus líneas y sus letras, sus rimas y sus prosas.
Hoy estará descansando de las molestias ocasionadas por la falta de respuesta de un organismo que se negó a partir de este mundo hasta que ya no tuvo más remedio, llevando consigo el alma y espíritu de tan distinguida tamaulipeca.
Qué bueno que alcanzó a disfrutar del reconocimiento de la sociedad tamaulipeca, y de que en el Congreso del Estado su nombre se encuentre entre los de muy distinguidos paisanos, todos ellos, estrellas que brillan en su ámbito de influencia con luz propia.
Qué bueno que Altair fue reconocida en vida, porque sucede que cuando uno fallece todos se acuerdan de lo que se hizo y lo que es grande. En el caso de la maestra, todos supimos desde antes el valor que tenía como persona y ser humano distinguido.
Hoy los gatos lloran su ausencia, y nosotros, con lágrimas en el corazón, nos quejamos por no tenerla más entre nosotros, pero n os congratulamos, porque ha ocupado, a partir de este momento, el sitio que le corresponde en el pasillo de la inmortalidad.
Descansa en paz, Altair, que nosotros te seguimos reconociendo.