La aparición de una fotografía llena de dramatismo movió al mundo.
Una vez más, se comprobó que “una fotografía dice más que mil palabras”, y el mundo reaccionó: se ha comenzado a crear una cultura de simpatía hacia refugiados que ha tenido repercusiones muy importantes en el orbe: Europa vive su crisis de refugiados que, aunque siempre ha existido, hoy se pone de manifiesto que se requiere ayuda, desde nuestro punto de vista, que se ha malinterpretado o mal empleado el término, haciendo gala de aquel viejo refrán mexicano que reza “candil de la calle, oscuridad de su casa”.
Para nadie es un secreto que países como España, Grecia y Francia, entre otros, sumándose Portugal, encuentran hoy en día una terrible crisis económica que ha propiciado graves conflictos sociales.
En Atenas y otras ciudades griegas las manifestaciones han sido intensas y ha habido hasta muertos por protestar a una crisis que afecta y mata familias, mata personas y porvenires de ciudades y naciones enteras.
Francia ha vivido sus movimientos sociales impresionantes y también, en un sistema difícil, ha visto pasar momentos de angustia y conflicto social.
España tiene problema de empleo: hay miles –millones- de “parados”, es decir, gente que no tiene empleo y ha hecho crisis el no tener conde ocuparse: desalojos al por mayor y gente que todos los días pide una oportunidad laboral para poder mantener a su familia.
Y es donde la fotografía del niño Sirio hace su aparición: en la sociedad española que reclama a su gobierno el abrir las puertas a miles de refugiados de sitios en conflicto bélico, cuando la crisis azota y pega a cada uno de los españoles nacidos en España que no tienen qué comer.
El panorama, aunque usted piense que es exageración, se vive en cada calle cuando se visualiza a gente bien vestida pidiendo un céntimo para sobrevivir.
Y entra la preocupación porque esta forma de pensamiento prolifera en todo el mundo: hay que ser buen vecino y dar ayuda y refugio a quienes huyen de Siria por sus ataques terroristas y los bombardeos que día a día les angustian y no les dejan dormir.
Pensamos entonces si es la actitud del mundo la adecuada.
¿No sería más fácil acabar con una guerra y listo? De esa forma, cada quien permanecería en sus hogares y no habría necesidad de dar refugio y abrigo, porque estaríamos en paz todos.
Un buen amigo argentino dice que ellos han llegado a España a trabajar, y cada día que pasa tienen más problemas para subsistir, pero trabajan muy fuerte para merecer lo que ellos tienen y orgullosamente lo muestra, a la vez que critica la postura del gobierno español: “no necesitamos de tanta ayuda, hay que ayudar primero a los nuestros”
Y ese grito se multiplica: manifestaciones que hablan de los “refugiados españoles en España” y otras cosas similares.
Siente la gente que la comunidad internacional, lejos de hacer el trabajo que debe hacer el gobierno sirio, debieran orillar a una paz duradera, con sus ejércitos de Cascos Azules y las fuerzas que intervienen de grandes países, encabezados por Estados Unidos de América.
En lugar de ir a la guerra, deberían obligar a los gobiernos a mantener la paz.
La postura no es ajena a una realidad que se necesita promover, porque es tiempo de que cada nación enfrente su situación actual, y si seguimos, la comunidad internacional, resolviendo el problema del gobierno sirio, nunca podremos dar respuesta a las necesidades propias.
En México nos está sucediendo igual: ante todo, somos una nación que promueve la ayuda humanitaria, pero… ¿dónde queda nuestra gente de sitios como San Luis Potosí, la sierra tarahumara o la región lacandona que también necesitan atención urgente?
Como que antes de iluminar al mundo debiéramos iluminar la casa, ¿O cree usted que es inhumano pensar en nuestros mexicanos necesitados?
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