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El título no está equivocado. No se refiere a ninguna obra de teatro, largometraje o alguna medida.
Más bien se refiere a las calificaciones que los maestros de la Escuela Normal “Isidro Burgos”, o Normal de Ayotzinapa, registraron para el ciclo escolar 2014-2015, para todos los estudiantes del primero a octavo semestre.
Las autoridades del plantel revelaron que los 522 normalistas inscritos en el ciclo escolar anterior, tienen en su kardex, entre nueve y diez de calificación en todas las materias del ciclo escolar anterior.
La semana pasada, una muy amplia nota de la periodista de Excélsior, Claudia Solera, fue difundida la noticia donde se afirma, que por instrucciones de la Secretaría de Gobernación, todos los estudiantes normalistas fueron aprobados. Dese luego los vivos.
El subdirector académico de la Escuela Normal, Bardomiano Martínez Astudillo, informó que el gobierno federal se reunió con los directivos del plantel para buscar la estrategia de evaluar a los jóvenes, sin necesidad de regresar a clases.
Seguramente mucho discutieron por la “calidad educativa” y por fin acordaron la medida señalada, pero que los estudiantes, al no poder tomar clases, podrían entregar tareas previstas en el plan de estudios para que los maestros calificaran los módulos.
La medida desde luego, debió haber sido recibida con enojo por los estudiantes, pero quizá ante la presión gubernamental, terminaron aceptando el fraude académico del que fueron objeto.
Una de las razones por las cuales los muchachos no asistieron a clases regulares, fue por participar en las marchas, plantones y recolecta de dinero, con motivo de la desaparición forzada de los 43 hermanos normalistas.
Además, desde septiembre del año pasado, las familias de los 43, se han posesionado de las aulas que sirven de albergue temporal y los estudiantes por brigadas se limitan a las labores agropecuarias, porque hay siembra de maíz, jitomate, rábano col, lechuga, calabacita, cebolla, fríjol y sorgo.
También los normalistas de Ayotzinapa tienen producción ganadera basada principalmente en ganado vacuno, porcino, caprino, ovino y equino, así como aves de engorda y las colmenas.
El esfuerzo del gobierno federal para el sostenimiento de estas escuelas normales rurales, es con la idea de que los futuros maestros conozcan de las principales actividades económicas de la región y que al término de sus estudios, muestren a la población las diferentes técnicas de cultivos, su rotación y variedad. Lo mismo en la cuestión pecuaria.
No es extraño que las Escuelas Normales del país cuenten con varias hectáreas de terreno cuyo destino es la agricultura y ganadería, recibiendo todo tipo de asesorías de las dependencias federales.
Lamentablemente la reforma educativa “peñista” no se ha logrado implementar en esta institución guerrerense, por el problema de carácter social que viven desde el año pasado, aunque la preparación profesional, de acuerdo a los perfiles de egreso y desempeño no se alcanzaron, por lo menos en estas cuatro generaciones.
Una nota del mismo periodista llamó también la atención y es referida a que la Secretaría de Educación guerrerense, autorizó para este ciclo escolar (2015-2016) una matrícula de ingreso de 140 nuevos normalistas.
El subdirector Martínez Astudillo reconoció que hubo una demanda de apenas 188 aspirantes, mientras en otros años se registraron hasta 1500 solicitudes de ingreso. En agosto pasado apenas hubo 48 rechazados, por el examen de admisión.
Me parece que ahora se entiende la razón del porqué, los resultados del Examen Nacional de Conocimientos y Habilidades Docentes, el estado de Guerrero ocupa el tercer lugar donde menos profesores aprueban.
Es decir, solo dos de cada ocho consiguen resultados aprobatorios.
¿Contradicciones en la Calidad educativa?
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