Ahora resulta que el mayor retirado, Jorge Alberto Díaz Álvarez, no andaba borracho cuando agredió a unos de sus escoltas y lo encañonó con su arma de cargo, cuando fungía como Director de la Policía y Tránsito Municipal, lo que le costó su baja como titular de esa área de seguridad.
Mal se ve, y deja también mal paradas a las autoridades policiales, cuando manifiesta abiertamente, sin la menor pena, que estaba enojado, por ello, renunció a la titularidad de esta área, en la cual, ya tenía tiempo desempeñando funciones, ahora sí, Díaz Álvarez, hasta quiso refugiarse en los medios de comunicación, a quienes trató con los pies en sus tiempos de gloria.
Vaya que para vergüenzas no tiene uno y mire que siendo un militar que presumen de valentía y de preparación, defensa personal y disciplina, ahora como una blanca paloma, hasta exige a las autoridades le brinden protección, mientras que permanece en esta ciudad para concluir con unos trámites pendientes, además alega que quiere lavar su imagen.
Esto quedará para la historia y un buen análisis: “me obligaron a firmar una renuncia voluntaria, digo, me obligaron, porque yo estaba molesto y afectado psicológicamente, y firmé del documento”, dijo. Imagínese en manos de quienes estamos, si molestos los funcionarios y sobre todo militares expuestos a fuertes presiones, pueden actuar por coraje y no usando el raciocinio. A estas alturas, creo y considero, que este militar retirado “calladito se ve más bonito”.
Le confieso amable lector, que me da pavor, también las declaraciones del secretario Jesús Martínez y Martínez, recién llegado a esta capital cuando dice que la seguridad pública de los municipios seguirán bajo la responsabilidad de los militares, hasta en tanto se tenga la confianza en los civiles para que retomen esos cargos.
Que diferencia hay entre los militares como el mayor, que acaba de ser cesado de sus funciones por haber llegado ebrio a cumplir con sus responsabilidades y al calor de las copas, amenazó a su escolta y un civil, que igual llegue, en estas condiciones a cumplir con sus obligaciones en el mismo estado, o bien, que diferencia habrá entre un civil que llega a cumplir con su chamba y los militares que recién acaban de llegar a la secretaria de seguridad pública tratando a los trabajadores civiles, como peones o los peores delincuentes con la amenaza de: “renuncias por la buena o te corro”.
No dudo que la actuación de la mayor parte de la policía es buena y que la inversión que el Gobernador Egidio Torre Cantú, ha aplicado a esta área es considerable, con la mejor intención y voluntad para devolver la seguridad a los Tamaulipecos, pero con estas actitudes por parte de los mandos policiacos deja mucho que desear, puedo decir, que hasta traicionan su confianza.
De que méritos goza Jorge Alberto Díaz, para pedir al ayuntamiento le otorgue una unidad blindada y escoltas para que lo cuiden, mientras permanece en esta ciudad. Imagínese que un rato de enojo saque su arma de cargo y termine con la vida de uno de sus escoltas, peor aún, que le espera a un pobre ciudadano que se atraviese en su camino y se atreva a desafiar a este mando militar, ni pensarlo!.
También al calor del coraje el director de policía y tránsito de esta ciudad hizo algunas aseveraciones que merecen ser investigadas porque tienen que ver con las quejas y las denuncias que a diario se reciben de los agentes. Ante los medios de comunicación los acusó de corruptos y otras agravantes, y acusó directamente a los responsables del área de peritos de irregularidades laborales, que dice tener conocimiento. Sin embargo, el Ayuntamiento debe tomar nota, pues son los peritos los que señalan al militar retirado de pedirles que cambien los peritajes. Las investigaciones deben llegar hasta sus últimas consecuencias en contra de quienes resulten responsables en bien de la población.
La prepotencia de los militares en asuntos civiles, se pone de manifiesto con la actitud del exdirector de la Policía y Tránsito Municipal, pues de nueva cuenta da pie para asegurar que los militares están preparados para atender asuntos de otra índole, pero las declaraciones posteriores de Jorge Alberto Díaz, además de justificaciones infantiles, deteriora aún más su honorabilidad, esa que se presume mucho en el Ejército, que esperará…que las autoridades lo reinstalen en su cargo, después de todo lo que ha pasado o querrá que lo indemnicen por sacar a la luz pública la corrupción en la corporación que deja, pero de la cual, formó parte.