Sí, sabemos que falta mucho por hacer, pero no podemos negar que se sigue avanzando en materia de educación, pese a grupos de gente que insiste en poner piedras en el camino y obstaculizar todo esfuerzo oficial y particular que se realiza.
Oficial, porque quienes ostentan la responsabilidad de la educación en el estado tienen mucho qué hacer y proyectar, de forma tal que exista un sistema adecuado a nuestra realidad, en el que, independientemente de lo que se aprende en las aulas hoy en día, se deben incorporar las nuevas tecnologías de la comunicación, y específicamente, las tabletas, los ordenadores y los teléfonos móviles, recurso que maneja, según las últimas estadísticas, un porcentaje importante de mexicanos; tan solo en Tamaulipas se calcula, según estudios realizados por institutos de relevancia, que existan poco más del 70 por ciento de adultos usuarios del teléfonos celulares, insistiendo en que una gran mayoría de adultos hemos iniciado el uso de los llamados smartphones, o teléfonos inteligentes, con la tutela, ahora, de los hijos, o sea, se está revirtiendo aquella acción que muchos profesamos cuando nuestros hijos eran pequeños.
Hoy, nos enseñan a manejar este tipo de aparatos, y es ahí donde hay que adecuar los sistemas educativos, porque no podemos vislumbrar a un grupo de estudiantes sin sus móviles a todo lo que dan.
Cierto, se abusa de su uso y hay muchas personas en el ambiente que contaminan con sus absurdos mensajes o no tienen idea de para qué es un teléfono móvil: no entienden que es un medio de comunicación y no de resolución de problemas, ni donde ir a pagar cuotas de angustia.
Y es ahí donde los profesores que aspiren a ser vigentes siempre, y que tengan en mente el que el alumno pueda aprender realmente, tienen que aprender ellos primero qué son las TICs, para qué sirven, como se emplean y todos los datos necesarios para su aprovechamiento y correcta explotación.
Y es precisamente con el uso de nuevas tecnologías como se puede llegar a construir una realidad en la que la tecnología educativa sea fundamental, que la excelencia llegue por el uso de este tipo de recursos y siempre y cuando los resultados sean positivos.
No son los móviles para estrellar a alguien con un pastel y filmarlo, o para hacer memes y subirlos; tampoco es para amargarnos, pero lo que sí es cierto es que los teléfonos móviles hoy por hoy son más exigidos por la ciudadanía, por los estudiantes, y se les puede sacar mejor partido en la medida que dejemos de emplearlos de forma irracional y adictiva.
Dejar a un lado esa dependencia al móvil que es enfermiza, manejar sin su empleo para disminuir los accidentes de vialidad y muchas otras cosas más, como el ejemplo de la pobre que estuvo escribiendo sin saber lo que hacía y tuvo repercusiones fatales.
Es tiempo de que nuestros profesores sepan para qué son las tabletas –tablets- sí como los ordenadores de escritorio y portátiles, o los teléfonos celulares, mismos que al contar con infinidad de recursos nos permiten estar prácticamente conectados a ellos durante toda la jornada y a veces aún más.
Propiciemos el uso racional de estos recursos, y pidamos a los profesores mejoren sus sistemas para crecer, y en ese orden, vigilemos la tecnología actual para poder ponerla al servicio de los demás.
Los móviles, hoy en día tan criticados por la falta de justificación en muchas de sus utilidades y aplicaciones, juegan un papel determinante en nuestra sociedad. No verlo ocasionaría una torpe ceguera social, y en ese sentido, hay que ubicarnos en la realidad.
Pero entonces, pidamos a los profesores se preparen, para que sepan que contestar cuando un estudiante pregunte: “profe, tiene la clase y la presentación en línea?”
No podemos negarnos, no como docentes, no como adultos. No como miembros de la nueva generación del milenio.