Nos han hecho creer que tendremos un buen fin de semana, desde tiempos de Felipe Calderón, y nos permiten soñar con que vamos a ahorrar mucho dinero. Nada más alejado de la realidad que lo anterior.
Veamos: Lorena Martínez, titular de la Procuraduría Federal del Consumidor informó que desde hace dos meses el costo de los electrónicos, principalmente televisores, computadoras y teléfonos móviles ha aumentado entre 10 y 32 por ciento, según las supervisiones que esa dependencia ha realizado en el comercio organizado –para sacar ventaja- del país.
Duele saber estos datos que son ciertos: uno va a una tienda y encuentra determinado producto a un costo y en la víspera del llamado “Buen Fin” lo elevan significativamente, para “bajarlo” de precio nuevamente en ese lapso de tiempo en que creemos que nos están haciendo un favor, pero realmente nos están engañando, como suele suceder con quienes ostentan cualquier tipo de poder en el país.
Triste, muy triste, la verdad.
La delegada de Profeco pone algunos ejemplos y en la ventanilla ubica a un televisor Samsung de 32 pulgadas que, en tiendas del D9istrito Federal se encontraba a un precio de 4 mil 748 pesos, y ahora está a 19 mil 271, es decir, lo subieron para ofrecérnoslo como una enorme ganga. Patéticos, la verdad.
El tristemente célebre “buen fin” se llevará a cabo del 13 al 16 de noviembre próximos, y los comerciantes ya se afilan las uñas para etiquetar productos. Esto que hemos leído es una noticia nacional, donde se presentaron estas irregularidades, pero no son todas: hemos de encontrar de este tipo de abusos diariamente en todos los comercios, o al menos, en un porcentaje muy significativo.
Lamentamos tener que leer estas cosas, pero recordamos aquel tiempo en el que comprábamos un shampoo para el pelo en la cadena Benavides, en Ciudad Victoria: era un producto que lo usamos por años y no teníamos problema en ubicarlo. Costaba 52 pesos en aquel tiempo, y cuando anunciaron la gran barata navideña de ese año el shampoo estaba a 97 pesos de costo, ofreciéndonos un “gran descuento” del 40 por ciento, o sea, más caro que antes. Nada ética la medida de esa cadena farmacéutica, como lo hemos visto hoy en día de otros negocios afiliados a la Cámara Nacional de Comercio, y que pugnan porque usted y yo no volvamos a hacer compras en los Estados Unidos, porque consideran una traición al comercio mexicano.
Y eso que hacen, ¿no es una traición a los que les dan de comer?
Habría que establecer medidas y parámetros de legalidad, honrabilidad y de buen conducirse, porque definitivamente, hace mucha falta todo eso en nuestro país, y no es disculpa lo que algunos esgrimen: que “así somos los mexicanos”.
No, no estamos de acuerdo con esa falsa percepción, y somos de la idea de que tenemos que cambiar la actitud y las medidas que tomamos, porque los mexicanos no somos tramposos, no somos engañadores, pero nos quieren hacer pasar por esas cosas, con el pretexto válido para aceptar cualquier medida, cualquier autoridad o cualquier disposición.
Hemos de estar pendientes de la Profeco y la promesa de multar fuertemente a esos engañadores y tramposos, y hemos de alegrarnos cuando la ley se pueda cumplir, cuando los comerciantes mexicanos nos ofrezcan realmente gangas y ofertas en sus productos y no nos quieran vender saldos de mercancía vieja a precios de oro. Hemos de alegrarnos por esos que gustan del buen negocio, y que saben hacerlo en base a competitividad y buena mercancía, buen carácter, buena ubicación, y sobre todo, honorabilidad.
Ya veremos las acciones del “Buen Fin”, y esperamos que realmente nos ofrezcan cosas atractivas y no aparatos electrónicos viejos que están a punto de ser historia, a plazos de muchos meses sin intereses, pero con una alta dosis de mala voluntad.
Ese Buen Fin deberá ser realmente un esfuerzo por reconquistar a un comercio que se perdió por las actitudes de bandoleros de quienes venden en México.