Saben muchos de lso miembros de la clase política del Partido Revolucionario Institucional –PRI- que si no se unen para hacer causa común, no podrán afianzar su posición y podría peligrar la sucesión gubernamental. El que uno ande por su lado y todos igual no ayudará en nada y eso lo saben los que dirigen, los que toman decisiones, los elementos de cada grupo, aunque quienes les encabezan no entiendan que es una lucha entre partidos y no entre personas.
El Comité Directivo Estatal tiene ya tiempo preparando sus estrategias electorales en pos de un buen papel en los comicios venideros de 2016, y en ese sentido, Rafael González Benavides, como dirigente estatal del PRI entiende que mucho de lo que se tiene que construir reviste importancia y mucho esfuerzo, porque lo que llega del centro del país poco favorece la opinión que pueda tener la ciudadanía del partido en el poder en Tamaulipas.
Pero Rafael tiene algunos inconvenientes para conformar un buen equipo y tener los resultados deseados: en su equipo de trabajo encuentra gente que tiene ideas absurdas, obsoletas o mesiánicas que nada tienen que ver con las estrategias electorales requeridas.
Los hay aún de esos que se consideran omnipotentes y no pueden siquiera contestar una llamada a un “simple mortal”, o que piensan que los ciudadanos somos algo así como carne en estado de descomposición y no se atreven a tocarnos, a hablarnos o a tomarnos en cuenta, sintiendo que las suyas son decisiones divinas y que no admiten yerros. Nada más equivocado que loa anterior, porque esos “divinos” tricolores no se han dado cuenta que son tan mortales como casi cualquiera, o peor aún, porque aunado a su condición humana hay que agregar su soberbia, pesadez, falta de inteligencia y tacto político y humano, y atrabancamiento a la hora de tomar decisiones o emprender acciones.
Es donde González Benavides tendrá que trabajar mucho, y que se le permita poder filtrar de su equipo de trabajo a esos malos políticos que pretenden ganar ellos solos una elección que, si bien es cierto que no tiene grandes contendientes enfrente, sí requiere de una inteligente estrategia, porque de repente les pueden comer el mandado con uno de esos candidatos que venden espejos y nada más, pero que causan revuelo en la ciudadanía.
Hay mucha gente de esa en el CDE, y desgraciadamente, algunos se encuentran en puestos claves y deciden por el presidente en aspectos determinantes: usan recursos en aspectos personales, manejan a la gente como si fueran marionetas y no tienen el menor respeto por los demás, menos por los grupos que tienen años trabajando para que el PRI tenga lo que hoy ostenta.
Un partido político, y hay que verlo de esa manera: se debe a la gente, porque cuando no hay votos, no hay penetración ciudadana, simplemente no puede existir, y el mejor de los ejemplos lo tenemos con el casi fallecido Partido del Trabajo, que dando patadas de ahogado se aferra a sobrevivir en un ambiente donde no cuenta con simpatías necesarias para ganar, y pretende que le reconozcan las mínimas requeridas para seguir viviendo sus dirigentes del presupuesto de los mexicanos, sin trabajar y a todo lujo.
Es entonces cuando hay que entender cual es la forma de actuar de quienes conforman el CDE tricolor, y hacer los ajustes necesarios; evitar pillerías y malos manejos humanos, políticos y materiales, para que entonces puedan pensar en una buena estrategia electoral y aspirar a ganar las elecciones de 2016.
Tiene el tricolor un buen dirigente y ya lo demostró en los comicios anteriores, pero la verdad es que si no se sacude a esos estorbos de forma inmediata, difícilmente podrá aspirar a algo mejor.
Y deben pensar que todos, absolutamente todos los tamaulipecos somos tan importantes como cualquiera de esos que pasea ofuscado por el color polarizante de los vidrios de su camioneta, que le impiden ver la realidad que vivimos y sentimos los de a pie, los de afuera, es decir, los ciudadanos comunes y corrientes, que, finalmente, somos los que les llevamos a un triunfo que les permite vivir con esos lujos.