Tiempo de evaluación

Pasada la Noche Buena y la Navidad, inicia la última semana del año, y con ella, la época en que debemos evaluar lo realizado durante este 2015 que agoniza y nos depara la preparación de un año con características interesantes, siendo quizá la más determinante el proceso electoral que ha iniciado hace muy poco y que tendrá su clímax en las elecciones donde habremos de decidir quien será nuestro próximo gobernador y los alcaldes y diputados por los tres años siguientes.
Es, sin duda alguna, un año difícil en el que se ha visto prácticamente todo, hasta la forma desmesurada en que muchos de los aspirantes a una candidatura han violado la ley electoral y muchas más, haciendo valer sus ambiciones, y dejando a un lado la idea de que podrían ser buenos gobernantes, respetuosos de una ley obsoleta, inútil, que no sirve mas que para dar trabajo a algunos que viven de ella sin obligar a los interesados a acatarla.
El caso es que el proceso que viene nos lleva, como el fin de año, a la necesidad de hacer una evaluación de lo que hemos recibido, de la forma en que nos han gobernado en todos niveles, y de ahí deberemos sacar la conclusión que, sinceramente, deseamos que la mayoría tenga la adecuada, y que quien resulte triunfador en cada instituto político, y posteriormente en el proceso electoral final, sea el mandatario que los tamaulipecos necesitamos para los próximos seis años, y nos depare un buen gobierno y mejores resultados.
Todas las administraciones tienen aciertos y yerros: no reconocer lo anterior sería pecar de soberbios o de estúpidos, porque sabemos que donde interviene el ser humano hay aspectos que se pueden –y deben, en algunos casos-mejorar, y en ese tenor se desarrollan las administraciones.
Es entonces el tiempo de evaluar lo que hemos recibido y analizar a los que pretenden llegar, para saber si tienen las características necesarias.
En el caso del partido que nos gobierna, sabemos que hay prospectos a candidato que han llevado a cabo una importante labor, aunque tienen encima de sí una pesada loza que implica el tener que soportar su origen y los enormes yerros que el instituto político ha cometido en agravio de la población, tanto a nivel federal como local.
Sabemos que esos yerros existen y nos los han querido ocultar con distintas formas, unas, un poco represivas, y otras, bastante ilógicas, que nos llevan a pensar en qué queremos para los próximos seis años, y es cuando descartamos a esos personajes que no nos garantizan mucho que digamos.
En la oposición no hay fuerza ni nada que pudiera garantizar honestidad y buen gobierno; lo sabemos y tenemos que entenderlo, porque se han dedicado algunos alcaldes a promoverse lejos de gobernar, y otros vividores de la política a aprovechar los yerros de administraciones actuales para llevar agua a su molino, olvidándose de hacer política y servir a su comunidad. Claro ejemplo de aquel plurinominal que únicamente gestiona recursos para los alcaldes amigos y se olvida que, siendo legislador de chiripa tiene la obligación moral de ver por los más de 3 millones de tamaulipecos, sin distingo de color.
Pero dentro del tricolor habrá una fuerte reacción ante lo que viene, y hay que evaluar sinceramente si vale la pena que tal o cual prospecto pueda ser quien ocupe tal distinción.
Tiene Rafael González difícil tarea, porque deberá comenzar por sacudirse a aquellos que han lucrado del partido, vivido de él sin presentar resultados y favorecido a sus “cuates”, olvidándose de lo que realmente tiene como filosofía el propio PRI.
Hará mucha falta hacer esa depuración de quienes no merecen estar ahí, y también, que se manejen en forma clara en cuanto a recursos materiales, financieros, sociales y humanos, que son los que les darán la preferencia… o se las arrebatarán.
Así de claro: evaluar… renovarse… o morir.