Una de las grandes fortalezas que tiene el ser humano es, sin duda alguna, el trabajo en equipo: aprovechar las fortalezas de cada uno de los integrantes del grupo, sociedad, partido, empresa o lo que sea, permite que haya una mayor efectividad.
En el entendido de que nadie es perfecto ni “sabelotodo”, en un equipo de trabajo debe haber gente para cada tarea. El ejemplo más claro lo vemos en el fútbol, en donde el portero tiene una función específica, como los defensas, carrileros, delanteros y contenciones, y así, cada uno cumple con su función que le lleva a jugar con excelsitud y obtener buenos resultados.
Las maquiladoras son otro gran ejemplo de ello: los obreros se conforman en una fila y cada uno hace lo que le toca, para lograr completar una pieza automotriz, electrónica o de lo que sea, y así, parte por parte, se unen entre sí y dan forma a lujosos o potentes vehículos.
El trabajo en equipo es un privilegio del individuo, y algunos no entienden que, conjuntando fuerzas se llega más lejos aún.
Y ese concepto lo tiene muy claro algún sector oficial y de la iniciativa privada; en el primer caso, vemos que en el Congreso del Estado cada quien hace el trabajo que le corresponde y se une en la idea de obtener un bien común, participando todos del esfuerzo personal, para cristalizar en un resultado colectivo.
Dice el diputado Ramiro Ramos que su gente sabe trabajar y loha demostrado, porque hay una buena dirección y se privilegia la participación de cada uno de los que integran ese esfuerzo humano.
Así sucede o debe suceder en todas las dependencias, donde la cabeza coordina el esfuerzo de cada uno de sus integrantes, y todos toman su papel, sin llegar a tener esas absurdas actitudes mesiánicas hoy en día tan comunes, y que no llevan a nadie a ningún lado.
Algunas instancias no entienden la importancia del trabajo en equipo y tiran por la borda el esfuerzo de muchos. Imagine que todos los obreros levantan ladrillos, y uno que no lo haga bien propicia que el muro sea derribado.
Es muy importante entenderse como parte de un todo, pero no creer que sin la presencia de uno el proyecto no va a llevarse a cabo.
Habemos personas buenas, regulares y malitas, y todos somos reemplazables, aunque algunos digan y piensan que resultan insustituibles.
En un equipo puede cambiar cualquier pieza y todo debe seguir igual, trabajando, funcionando bien, y entregando resultados positivos.
Los proyectos políticos consideran la participación de mucha gente, pero cada uno debe sacar lo mejor de sí en el área de su competencia, y no sentir que puede hacer todo o reemplazar a todos.
Nunca faltan los celos de alguien que piensa que le van a desplazar por su inseguridad, incapacidad y falta de criterio, y hace todo por derrumbar los esfuerzos realizados.
Seguros estamos que en el Congreso tamaulipeco hay un buen equipo que se ha conformado a base de concretar acuerdos, e inclusive, nuestros legisladores de los partidos que ahí están representados, se han comportado como políticos maduros, dejando a un lado el exhibicionismo ridículo de antaño, y de algunos pseudo líderes nacionales.
Y cuando se está en pos de un proyecto triunfador, se requiere echar mano de todas las cabezas y fuerza humana, para que entre todos puedan sacar el proyecto avante, con un éxito que se disfrute también, entre todos, que es lo más justo.
Es tiempo de hacer un alto en el camino y considerar si vale la pena seguir con esas actitudes difíciles, y entender que el trabajo conjunto, donde todos nos apoyamos, respetamos y colaboramos, tiene la mejor solución.
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