Llama poderosamente la atención la publicación que hace la Secretaría de Salud en Tamaulipas, lanzando la voz de alerta en la entidad, sobre las causas principales de mortalidad, y ubica 7 de 10 causas con las enfermedades crónicas no transmisibles.
Lo anterior nos dice que no nos morimos por contagio o por accidentes y causas que no se pueden prevenir, sino por enfermedades que son de larga duración, padecimiento tortuoso y que dejan secuelas importantes, acabando con la persona lenta e irremediablemente, con su familia anímicamente y con su patrimonio, porque conlleva gastos muy importantes que nos dejan en la pobreza total.
Para que se de cuenta: enfermedades isquémicas del corazón, diabetes, enfermedad cerebrovascular, cirrosis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica –EPOC-, enfermedad hipertensiva y nefritis y nefrosis, son las siete enfermedades crónicas no transmisibles que nos matan a los tamaulipecos, sin contar las balaceras y actos de violencia.
Y enfatiza las acciones que ha promovido la SST, que encabeza el doctor Norberto Treviño García-Manzo: estrategia contra la obesidad, la hipertensión y la diabetes, el crear las Unidades Especializadas en Enfermedades Crónicas –UNEME-EC- que ofrecen atención psicológica, nutricional, activación física y educación al paciente y su familia y, grupos de ayuda mutua para controlar la salud de quienes tienen este tipo de enfermedades, o padecimientos, si lo quiere llamar distinto.
De estas siete causas, se puede prevenir mucho de lo anterior, modificando estilos de vida, cambiando hacia hábitos más saludables, que incluyan una buena alimentación, ingerir agua natural y evitar bebidas edulcoradas, practicar algún tipo de actividad física, y acudir al centro de salud donde se recibirá orientación y medidas preventivas en torno a la obesidad.
Hay que entender que ninguna es contagiosa, es decir, no se pega de una persona a otra por vía física sino por vía intelectual y formativa, ll que nos lleva a concluir que son los hábitos mal encaminados, los que aprendemos en casa y que a veces, por una inadecuada educación en salud de parte de nuestros padres o abuelos, nos llevan a estar gordos, a no dejar el café con pan de media tarde, o las gordas, flautas y bocoles de la mañana, las carnes asadas donde no comemos sino “tragamos” literalmente hablando, o esos hábitos de festejar todo con una hielera llena de cervezas y refrescos gaseosos.
Imperativo resulta el cambio de hábitos, y para ello,. Por más que se hagan esfuerzos, si usted insiste en comprar los kilogramos de tortillas de harina y, en una sentada comerse tres o cuatro huevos con machacado y 5 o 6 tortillas, si insiste en atragantarse con harinas y botanas y no cuida su actividad física, entonces habrá seguramente todo un campo propicio para llegar al diagnóstico de cualquiera de estos padecimientos que incapacitan, devastan… matan poco a poco, lenta y dolorosamente.
En el caso de la diabetes, de repente no vemos o no tenemos función en los riñones, o nos cortan un dedo, un pie o una pierna –o ambas- y estaremos condenados a una silla de ruedas y a ser trasladados siempre por alguien que estará encadenado a nosotros como una terrible penitencia, sin derecho a hacer solo o sola su vida.
No tenemos por qué echar a perder la existencia de nuestros seres queridos, y en ese sentido, hay que aprovechar los esfuerzos de la Secretaría de Salud, y exigir mayor número de acciones, siempre y cuando aprovechemos esta infraestructura, porque luego resulta que pedimos, pedimos más, y no hacemos uso de nada.
Es la decisión nuestra la que nos puede salvar, y es la decisión de la familia el encontrar un estilo de vida saludable, tan necesario en estos días para cada uno de nosotros, de nuestros familiares.