Tributo a la Mujer

En el Día Internacional de la Mujer, grupos feministas aprovechan para exigir posiciones, respeto y otras cosas. La mujer, por sí no necesita, desde nuestro punto de vista, exigir nada que no merezca: son ellas las que tienen lo que deben tener en base a lo que han propiciado para obtener.
Miente quien afirma que está sometida a una esclavitud mal encausada, o que el machismo es la principal arma contra ellas; somos de la idea de que el principal enemigo de la mujer para su trato equitativo, para su justa apreciación, ha sido, a través de la historia, la mujer misma.
Hemos visto por años casos de chicas autoritarias, independientes, valiosísimas, que no dan un paso en la tarde si no es con el permiso de su pareja, sea ésta el novio, esposo o amante: no quieren forzar las situaciones para evitar ser dejadas.
¿Tan poco valor pueden tenerse como para pensar que un individuo las va a dejar porque sí, y no va a valorar lo que son?
Es tan claro lo anterior: si alguien no valora lo que eres, si no puede darte un lugar de importancia de acuerdo a tu trascendencia en su existencia y el medio ambiente, nada tienes qué hacer a su lado, porque quien no te valora simplemente no merece siquiera tu atención.
Y aplica, por ejemplo, ahora que está de moda la política, el hecho de que exijan la equidad de género con cantidades de candidaturas, para lo que suponemos que más importante que otorgar cinco diez o veinte puestos a ellas, habrá que ver si se tiene a ese numero de féminas dispuestas a dar constancia de su valía social y humana, y que no denosten entre sí mismas a sus iguales.
Es muy común escuchar que el principal enemigo de la mujer es otra mujer, porque es la que le criticará, pondrá escollos en el camino y evitará que triunfe, porque si lo llega a hacer, descalificará su esfuerzo y talento diciendo que por “otras situaciones” logró su ascenso laboral o académico, y pondrá todos los calificativos posibles para desacreditarla.
No. No es por ahí el asunto.
La mujer por sí vale tanto como cualquier ser humano, y no necesita de un día especial para hacerse notar; es como el día de la madre, cuando todos nos rendimos ante la autora de nuestros días, pero los 364 días restantes ni caso le hacemos, porque suponemos que no lo merece.
En el Día Internacional de la Mujer reconocemos el justo acto de que haya sido legislado su derecho a votar, a elegir a sus gobernantes, y valoramos en su justa dimensión el hecho de que puedan ser elegidas para cualquier cargo sin límite, distingo o preferencia alguna.
Y así como ellas lo buscan, somos de la idea de que cualquier homo sapiens, individuo del planeta, del país o del estado, tiene el mismo derecho sin importar su condición social o cultural, racial o de otra índole, y merece ser considerado o considerada en la medida que sus talentos se lo permitan.
En un día como el que se dedica a ellas, se reconoce su valía y se exhorta a esas feministas recalcitrantes a dejar a un lado actitudes de preferencia “por ser mujeres”, y en ese sentido, ubicarse junto con sus iguales del sexo masculino.
Nada hay más o menos importante en ellas o en ellos.
Somos los seres humanos tan importantes como lo queramos mostrar, y en ese sentido, tenemos las mismas oportunidades como individuos. Demos la oportunidad a cada uno de mostrarse, de valorar y validar su posición social y humana, y entonces, pugnar por una equidad de género, de oportunidades, de manifestaciones y de toda índole, criticando a quienes obstruyen ese paso tan importante, pero aplaudiendo a los que consideran que hay equidad tan importante como lo permite ella o él.
La equidad, para el que no lo quiera entender, aplica en derechos y obligaciones, no solo en derechos. Hay que merecer lo que uno exige para poder lograrlo, pues.
Feliz Día Internacional de la Mujer, a quien gusta de festejarlo.

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