Rafael González Benavides es un político tamaulipeco que tiene una especial encomienda hoy en día: sacar avante la elección próxima y lograr que su partido, el Revolucionario Institucional vuelva a ganar las elecciones para gobernador, alcaldes y diputados locales. Nada fácil el asunto, considerando la situación actual atribuible al gobierno federal y en parte a la falta de resultados que garanticen tranquilidad y eviten que se aleje la vida productiva tamaulipeca.
Y en ese sentido, el dirigente estatal tricolor ha llevado a cabo una serie de acciones, producto de decisiones que el tiempo le dará o no la razón, y le dirá si han acertado en las cosas que se llevan a cabo.
No parece justo –y pensamos que no lo es- culpar a una persona por el mal resultado obtenido en alguna empresa, cualquiera que sea, y en ese sentido, no puede, ni dejar toda la carga ni culpar totalmente de algún error al presidente del PRI en la entidad.
Tiene, como debe ser, un grupo de colaboradores que se encargan de las distintas áreas de influencia social en el Partido, y cada quien debe responder por sus acciones con resultados que, sumados todos, deben darle el triunfo a Baltazar Hinojosa, en Victoria a Oscar Almaraz, y a Enrique Gattás y a Carlos Morris, así como a otros candidatos a alcalde y diputado: quieren ganar y eso es loable en cualquier dirigente; quien juega para perder, solamente que sea un auténtico vividor y busque el porcentaje mínimo para alcanzar las prerrogativas, como suele suceder con esos partidos chicos que viven amparados en una absurda ley electoral que permite que vividores crezcan cobijados por nuestro dinero, dándose vida de ricos cuando no merecen ni una tortilla emanada de presupuestos ajenos.
En caso es que algunos se encargan de estructurar programas estratégicos para convencer en base a resultados, a conductas y acciones determinadas, cuyo objetivo es cumplir a una ciudadanía cada vez más exigente y crítica, gracias, en parte, a su participación en redes sociales, mismas que no dan oportunidad de ocultar la realidad ni maquillar boletines de prensa, sino que, por el contrario, muestran la realidad, por muy cruda que ésta pueda ser.
En ese sentido, Rafael trata de hacer un trabajo competente y establece prioridades en las distintas áreas, para garantizar buenos resultados, siempre –claro está- apegados a la ley electoral vigente que, aunque absurda en muchas de sus partes, es la que nos rige y hay que respetarla como tal.
Decíamos al principio que González Benavides no es “hombre orquesta”, de esos que tienen la solución a todo. Miente quien piense que hay un político que pueda serlo. Ni el presidente ni el gobernador lo son, y ellos necesitan de asesores y colaboradores también.
Que no se tome en cuenta la voluntad de otros, es otra cosa, pero nadie puede ser tan genio como para saber exactamente qué hacer en todos los rubros de asistencia social, productividad y fomento a la economía de un estado.
Y es por esa razón que en el CDE tricolor se encuentran apurados, porque tienen que establecer las tareas que comenzarán en unas semanas a ser visibles parra todos los tamaulipecos en forma de campañas políticas, y en ese sentido, buscarán ganar la elección más difícil, por los antecedentes económicos, de seguridad y sociales que existen hoy en día en este México nuestro tan difícil y tan castigado por la desgracia.
Es cuando González Benavides echa mano de su capacidad y experiencia, y entonces busca convencer a base de acciones diversas, y que tienen eco en los comités de campaña de cada uno de los involucrados.
Aquí no vale parentesco, compadrazgo o algo por el estilo: vale que hay que trabajar, convencer, encantar y ganar la elección.
Pero que quede claro: Rafael solo nunca podrá ganar la elección, y parra eso requiere de los colaboradores del Tricolor, de sus militantes y de quien aspire a ser elegido.
Rafael es competente en su trabajo, pero no lo dejen solo.