Y cuando decimos “la lengua2, nos referimos al conjunto de signos y sonidos que nos permiten comunicarnos con los demás: la palabra; escrita, hablada o como usted quiera, es la forma más sublime de comunicación y más clara, por donde se vea.
Y en esa guerra de tratar de hablar como se debiera, de observar las muchas reglas que tiene el idioma español –castellano, pues- y que es el que hemos aprendido desde pequeños, encontramos una joya que comparte el doctor José Luis Pariente Fragoso sobre los feminismos mal entendidos, o esas cosas que hoy en día muchos llaman “equidad de género” y que, en ciertos ámbitos no es más que un grito de auxilio, cuando sentimos que no somos tomados en cuenta, o porque no hemos tomado el lugar que nos corresponde.
En ese sentido, el texto que comparte el doctor Pariente se refiere a que si usted también dice “niños y niñas, doctores y doctoras, ministros y ministras, conductores y conductoras”, haciendo mención a la aberrante idea que tuvo el presidente Fox y los que le han seguido de decir “mexicanos y mexicanas”, o de los legisladores que, en un plano totalmente ridículo se dirigen al pleno y vociferan: “diputados y diputadas”. Uff
La regla del idioma dice que, “en español, nuestro idioma, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que, al dirigirse al público no es necesario NI CORRECTO decir “niños y niñas”. Sin embargo, actualmente es un error recurrente en la política y el periodismo a nivel nacional”.
La siguiente regla indica que “Decir ambos géneros es correcto solo cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, como por ejemplo: hombres y mujeres, damas y caballeros, toros y vacas, entre otros”.
Causa gracia escuchar a alguien en la tribuna diciendo “diputados y diputadas”, como queriendo justificar su feminismo o su machismo, como queriendo mostrar que tenemos equidad de género en todo lo que hacemos y manejamos, lo que pensamos y lo que vivimos, cuando de todos es sabido que existen acciones no exclusivas de la mujer, pero que a ella se le dan en forma natural y a nosotros no, como también hay algunas que a nosotros se nos dan naturalmente y a ellas les cuesta trabajo, y no porque seamos menos, ellas o nosotros, sino porque la constitución física y la naturaleza humana así reaccionan ante tales circunstancias.
Quien se queja de Gibran Jalil Gibrán y su bella obra donde ensalza a la mujer que, dice, está hecha de la costilla del hombre, y vemos que alguien se queja diciendo: “no estamos hechas de una costilla: somos iguales”, se ve que nunca entendió el sentido de la poesía, que pretende, según nosotros, ubicar a la mujer en el mismo plano del varón, con el valor y respeto que merece cada género: ni uno más, ni uno menos.
Y cuando los ridículos que nos gobiernan dicen “mexicanos y mexicanas…” y hemos escuchado “tamaulipecos y tamaulipecas”; solo nos faltará escuchar: “victorenses y victorensas” seguramente!
Nos ponemos a pelear por un gentilicio mal empleado, porque decimos, es una cuestión del hombre, el respetar a los demás, y pensamos que la mujer también es así, sin entender que al decir “hombre” nos referimos en general a homo sapiens de cualquier género, o cuando decimos “la gente2, es lo mismo: nos da igual que sea varón o mujer, pues.
Debiéramos poner más atención en el respeto a la libertad de mexicanos, a la integridad de nuestras compatriotas, al derecho al trabajo que tenemos todos, a la seguridad que reclama México sin distingo de género, religión o clase política, y a la urgente reclamación de honestidad en nuestros gobernantes.
Eso es lo que debemos pelear: los derechos de todos en su justa dimensión, y dejar de conformarnos con dádivas –limosnas- de “50 por ciento para ti y 50 por ciento para ella”, como si por eso fueran a ser mejores mujeres o pudiéramos ser mejores varones.
La equidad se da en los hechos, no en un mal empleado lenguaje y un pésimo discurso.
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